DISCIPLINAS i
Literatura i
Artes Pásticas i
Música i
Danza i
Teatro i
Cine i
Fotografía i
Arquitectura i
SECCIONES i
Agenda Cultural i
Direccionario i
Publicaciones i
Concursos i
Página Abierta i
DESDE EL MUNDO i
MEMORIA URBANA i
COLUMNISTAS i
SERVICIOS i
PERSONALES i
SALZBURGO i
MATANZAS i
BUENOS AIRES DESDE EL MUNDO
GINEBRA, Suiza
por Edmundo Murray
edmundo_murray@hotmail.com
Hambre con visión de futuro.
ginebra
Galway, Irlanda, Lunes 13 de Junio de 1842 (Illustrated London News). Temprano en la mañana, forzados por el hambre y la necesidad, los pobladores de la ciudad atacan los depósitos de papa y distribuyen el alimento entre sus familias. Más tarde, al comprobar la escasa represión policial, se dirigen a los molinos de avena y se llevan todas las bolsas. Durante todo el día, la ciudad es sometida a los desmanes de una multitud encolerizada e ingobernable, liderada principalmente por mujeres y niños, y apoyada por una poderosa retaguardia de pescadores de Claddagh. El Jefe de Policía, con su fuerza regular y el apoyo del Regimiento N° Treinta, no puede contener a la multitud.Los atacantes someten a las fuerzas del orden con una lluvia
constante de piedras, que llega a herir en la cabeza al comandante oficial del regimiento y provoca numerosas bajas entre soldados y policías. Sin embargo, haciendo gala de su paciencia y humanidad, los militares no abren fuego. Por el contrario, las autoridades negocian con los propietarios de los molinos para pagarles el alimento saqueado.

Pero el descontento se agrava día a día. Algunos propietarios de granjas acumulan grandes cantidades de alimentos especulando con el mejor momento para venderlos. Para disimular, regalan raciones a los necesitados que se agolpan frente a sus puertas. También hay rumores de que a través de Cork y Dublin se exportan toneladas de papa hacia Inglaterra y sus colonias. A fines de Octubre la cosecha termina y el pueblo está más tranquilo. Pero aunque los campesinos regresan a su trabajo, los grandes propietarios de tierras renuevan sus amenazas de desalojo para quienes no paguen la renta. La Iglesia de Irlanda agrava la situación, al exigir a las autoridades que apliquen las máximas penas para quienes no paguen el diezmo, sean o no protestantes. Por los caminos rurales, comienzan a verse cada vez con más frecuencia los cadáveres de gente hambrienta con el vientre hinchado y hierbas colgando de los labios.
   
Tres años de sufrimientos crecientes, y ahora la cosecha de papa - prácticamente, el único alimento disponible para el pueblo - fracasa por un fenómeno natural: un hongo pudre todas las plantas desde las hojas hasta la raíz. Entre 1845 y 1865, a causa de la emigración, el hambre y las enfermedades, la población de ocho millones y medio disminuye dramáticamente. A pesar de que Irlanda está unida formalmente a Inglaterra desde el año 1800, el gobierno imperial de la Reina Victoria - uno de los más poderosos y ricos del mundo - insiste en la "asistencia condicionada", un mecanismo muy parecido al

aplicado hoy por el FMI con la Argentina. El razonamiento de los gobernantes, ignorando una historia de tres siglos de rapiña británica, es que los irlandeses son perezosos por naturaleza, que no quieren ganarse su propio pan. De este modo, el hongo de la papa se explica por una "visitación" divina, un castigo del cielo. Dejan que Irlanda se ayude a sí misma. El resultado de esta política es dramático, con poblaciones enteras que desaparecen y pestes que diezman la población de un modo alarmante. Más de un millón de campesinos mueren por el hambre y las enfermedades relacionadas. Los gobiernos siguientes reaccionan tímidamente y comienza una pequeña asistencia y la ejecución de planes de obras públicas para emplear a la gente. Pero es tarde, Irlanda ya no será lo que era. La isla ha cambiado completamente, y la mayoría de los irlandeses ha emigrado o muerto de hambre y enfermedades. Irlanda tardará un siglo y medio en recuperar su crecimiento demográfico (hace sólo ocho años dejó de ser un país de emigrantes). Y su economía será la de un país del tercer mundo hasta que la poderosa acción combinada de la Unión Europea y de los Estados Unidos la sitúen en una posición privilegiada hacia fines del siglo veinte.

Buenos Aires, Argentina, Miércoles 19 de Diciembre del 2001 (Buenos Aires Herald y otros medios). La ciudad fue alcanzada por una ola de saqueos que causó heridos e innumerables pérdidas económicas. Los blancos preferidos fueron los negocios de alimentos, pero también las casas de electrodomésticos y de indumentaria. A pesar de la presencia de mujeres y niños entre las personas que reclamaban comida, se produjeron graves enfrentamientos con los agentes de seguridad. Las grandes cadenas de supermercados optaron por entregar bolsas de comida para apaciguar los ánimos, estando los policías entre aquellos que recibían las bolsas. En un supermercado se vieron escenas de policías y saqueadores pugnando por un corte de carne.

Los saqueos se agravan durante la semana y el gobierno radical decide tomar medidas más duras. Entre otras cosas, se declara el estado de sitio, y se tolera una represión policial violenta e desenfrenada. Hay muertos y heridos por decenas. En el interior la situación es también muy grave. La inestabilidad es tal que el presidente y su gobierno renuncian. Luego de desesperadas maniobras políticas una asamblea legislativa compuesta por diputados y senadores de escasa popularidad elige entre los abucheos y cacelorazos del pueblo a un nuevo gobierno, tan desprestigiado como el anterior.

La analogía con Irlanda no es perfecta. Existen algunas similitudes desde el punto de vista económico pero también son muchas las diferencias. Pero lo interesante es que unos 20.000 inmigrantes irlandeses llegaron entre 1840 y 1880 al Río de la Plata, constituyendo de este modo la única emigración organizada de irlandeses hacia un país que no era de habla inglesa. Arribaron en el momento oportuno, antes del crecimiento prodigioso que vivió la Argentina con el cambio de siglo, y al lugar oportuno, comenzando la explotación agropecuaria en las tierras más ricas de la pampa húmeda. Estos inmigrantes venían con una mano atrás y otra adelante, sin otra cosa que sus brazos para trabajar. Trabajaron dura e inteligentemente, y lograron en general una posición privilegiada en la sociedad. Hoy sus descendientes forman una comunidad bastante heterogénea estimada por algunos en unas 500.000 personas. A pesar del éxito de sus ancestros, como millones de otros argentinos, muchos de ellos se encuentran hoy tras la búsqueda desesperada de estabilidad de trabajo, alimento para sus familias, educación para hijos, seguridad, salud. Aunque no mueren de hambre por las calles, en términos relativos al progreso de la economía mundial, su pobreza puede compararse a la miseria de aquellos irlandeses de mediados del siglo diez y nueve. Y en muchos casos, hacen cola en la puerta de los consulados extranjeros para obtener un pasaporte que les permita irse, emigrar hacia países más ricos.

¿Es que la emigración es el único camino? Tal vez lo sea para el individuo. Para la nación en su conjunto es una derrota. Es el silencio fantasmal, la muerte helada. Y para sus gobernantes y políticos, sean del partido que sean, es la vergüenza secular de ser los responsables históricos de este escandaloso empobrecimiento económico, social y espiritual. La tristeza de un pueblo que alguna vez fue feliz. La triste esperanza de saber que quizá sean nuestros nietos o bisnietos los que podrán recuperar esa alegría. Triste. Esperanza.

 
<< ANTERIOR SIGUIENTE >>
 
2001, El Muro Cultural