Tu nombre
es para mí siempre alegría.
De ti partió la dicha
hacia mis brazos
aun sin saber que yo estaba esperando.
Cuando
nos vimos la primera vez
no fue de nuevo,
fue reencontrarse dos viejos amigos
y hablar tal como ayer,
nunca en pasado.
Lo aprendido
hasta entonces,
lo leído, se hizo presente
al fin ante mis ojos.
Hoy me
cuentan de ti
y no me lo creo:
que si la pena se hizo casi eterna,
que si el frío no cesa,
que la violencia arrecia,
que si el pan no llega,
que la mentira llueve,
que la tristeza asedia...
Las calles
tan de todos cuanto mías,
y tus días, Buenos Aires,
aunque tú no lo sepas,
serán de nuevo mis alegres días.
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