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Centrándonos
en el Borges periodista, o mejor, en su relación con
el periodismo, empezaremos diciendo que publicó en
1910, en El País, de Buenos Aires, la traducción
de un cuento de Oscar Wilde, iniciando así una relación
con los medios escritos que no finalizaría nunca. No
en vano sus libros no son sino recopilaciones de sus colaboraciones
en prensa, modificadas hasta el momento antes de entrar en
la imprenta; y corregidas antes de cada nueva edición:
perfeccionando continuamente la sintaxis y la semántica
de cada texto.
Cronológicamente,
a partir de esta primera colaboración, podemos destacar
otras tantas:
En 1919,
Borges vivía en Mallorca y envió a Ginebra un
escrito en francés sobre sendos libros de Baroja y
Azorín. A continuación apareció el que
sería su primer poema publicado, "Himno al mar",
que junto a los siguientes lo marcarían como cabeza
visible del ultraísmo, con su culto a la metáfora,
liderado por Cansinos Assens, a quien consideraba su maestro.
Siguen en esa época un buen número de colaboraciones
en Baleares y Última Hora, de Mallorca, y en El Faro,
de Galicia. De esa época data el inicio de su correspondencia
con Abramovich y Jacobo Sureda, entablando junto a este último,
a través de medios baleares, una agria aunque cortés
polémica con los conservadores de la isla, basada en
réplicas y contrarréplicas y en el convencimiento
de que cuanto mayor fuera la polémica, más se
hablaría de ellos.
En 1921
regresa a Buenos Aires tras siete años de ausencia,
redescubriendo una ciudad europea en América del Sur,
en la que todo ha cambiado, incluido el joven JLB que lleva
consigo tres nuevas lenguas, entre ellas el alemán
aprendido por su cuenta para leer a Schopenhauer. Introduce
el ultraísmo a través de Prisma, revista mural
cuyo primer número aparece en las paredes de la ciudad
en Diciembre de 1921. En Nosotros publica un poema titulado
"Ultraísmo", mientras Prisma, sin perder
entusiasmo, llega a su segundo y último número
en Marzo de 1922; entusiasmo continuado en Proa hasta Marzo
de 1923, en que podemos dar por concluida la primera época
de la revista. En este mismo año publica su primer
libro, "Fervor de Buenos Aires", que inicia una
etapa de reivindicación de una cierta identidad criolla
y universal, y que tras una nueva estancia en Europa de un
año de duración, continúa a partir de
Julio de 1924 y termina en 1930 con "Evaristo Carriego".
Entretanto,
y a pesar de (o precisamente por) los amigos dejados atrás,
sigue remitiendo colaboraciones a revistas españolas,
escribiendo en 1924 para Revista de Occidente; y presentando
en 1926 algunos de sus poemas en Alfar, revista editada por
el cónsul uruguayo en La Coruña, quien siguió
publicándola en su país hasta 1955. Mientras,
continúa la aventura de Proa, que ilustrada por su
hermana, alcanza y se despide en el número 15, en el
que Borges escribe: déme el chambergo y el bastón,
que me voy.
En Inicial
de Buenos Aires aparecen artículos y poemas suyos;
y ya en Junio de 1928 aparece publicada en La Gaceta Literaria
la conferencia "El idioma de los argentinos", nunca
leída por Borges debido a su insalvable timidez.
Siendo
estos hechos aislados en su vida periodística, ninguno
de ellos menoscaba la importancia de cualquiera de sus intervenciones.
No se trata de un recorrido en línea recta, sino de
un laberinto en que el azar depositó escritos de JLB
en cualquier rincón de La Razón, La Opinión,
Clarín y tantos otros medios y países: Argentina,
Uruguay, España. Así hasta que llegamos a Los
anales de Buenos Aires, que dirigió hasta 1946 y en
la que publicó, ilustrado por Nora Borges, "Casa
tomada", de Julio Cortázar, de quien posteriormente
lo separaría la política manteniendo ambos,
sin embargo, la estima y el respeto por la obra respectiva.
Aún
hay más: codirigió Multicolor de los sábados,
y colaboró en Sur, fundada por Silvina Ocampo. Durante
toda su vida nunca negó unas notas, un artículo,
una respuesta, una entrevista... aunque muchas veces añore,
durante estas últimas, la formación de los interlocutores,
que en muchas ocasiones formulan preguntas a partir de sus
respuestas en intervenciones anteriores, sin ser especialistas
y, a menudo, entrevistándole por el simple hecho de
ser un personaje famoso.
¿Y
la realidad? Borges sólo escribió de ella en
relación con la literatura, aunque también manifestó
su opinión sobre el aquí y ahora en revistas
como Sur, en la que publicó una crítica contra
la barbarie del nazismo titulada "Ensayo de imparcialidad"
y otros como "La Guerra en América" o "Notas
sobre la paz". En todos ellos hizo una apuesta por la
libertad; y si bien confió en el Gobierno del Proceso,
manifestó su repulsa al escuchar historias sobre torturas
y desapariciones, al tiempo que sus opiniones le hicieron
renunciar al puesto de Director de la Biblioteca Nacional.
Su visión de la realidad se lee también en "Si
hay miseria, que no se note", un sarcástico artículo
sobre la situación del país en que mezcla lo
trágico y lo ridículo; o en los dos artículos
de igual título pero escritos con más de medio
siglo de separación titulados "Nuestras imposibilidades",
en los que muestra los defectos de la sociedad argentina,
mostrando su fatiga ante una situación que tilda de
permanente y bien conocida, pues no en vano, afirma: "hace
muchas generaciones que soy argentino". En todos ellos,
en definitiva, defiende los valores que adoptó como
norma de vida, siguiendo a su filósofo preferido, Bertrand
Russell, y cambiando cuando la realidad imponía dicho
cambio, porque como él mismo decía: "sólo
los idiotas no cambian de opinión".
La obtención en 1961, junto a Samuel Becket, del Premio
Formentor, hace que su fama explosione en todo el mundo, sobre
todo por su narrativa, y aunque no se siente abrumado por
tal peso, él siempre afirma reconocerse más
como poeta, inolvidable autor de, entre otros muchos: "El
hacedor", "Luna de enfrente", "El otro,
el mismo", o "Los conjurados".
Desde
entonces, la fama de Jorge Luis Borges no ha dejado de crecer,
y prueba de ello son, además de las permanentes reediciones
de sus obras en infinidad de idiomas, los continuos homenajes
o actos en torno a su persona o su obra realizados en China,
India, Marruecos o cualquier otro lugar del mundo. Fue precisamente
en Marraquech donde su viuda, María Kodama, pudo escuchar
a un contador de cuentos narrar, ante un público entregado
de bocas entreabiertas y cuerpos ligeramente inclinados hacia
delante, una historia en árabe entre la que en ocasiones
se escuchaba la palabra "Borges". Preguntados los
traductores sobre el significado de dicha palabra, contestan
"que Borges significa Borges". La respuesta es sencilla
y maravillosa: el cuentacuentos ha traducido un relato sobre
Averroes del árabe clásico al dialecto de Marraquech,
para así poder ser entendido por una audiencia prácticamente
analfabeta, y ha entremezclado el apellido de Jorge Luis Borges
sabedor de la pasión de éste por todo lo árabe.
En el
cuento que tantas veces contó, Borges ha terminado
siendo una parte del mismo, escuchando el cuento que pudo
escribir contado por alguien que lo incluye como un personaje
más, en un bucle infinito que nos habla de la verdadera
universalidad de cualquiera de los Borges aquí reflejados.
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Este artículo ha sido escrito a partir de la Conferencia del
mismo título pronunciada por María Kodama en Granada, durante
el mes de Abril de 2001.
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