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BUENOS AIRES DESDE EL MUNDO
GRANADA, España
por Javier Bozalongo Antoñanzas
jav.boza@epersonas.net
Borges y el periodismo *
 

María Kodama y Javier Bozalonga Antoñanza
¿De qué Borges hablamos?

¿Del conocido y consagrado con el que compartir tantos paseos y conversaciones?; ¿Del que sorprendía a todos, especialmente a los periodistas, con su agudeza siempre amable?; ¿O del chico no conocido pero sí sabedor de estar llamado a la gloria?.

Mejor hablar de todos ellos, repitiendo las palabras y los episodios, una y otra vez, del hombre que cambió para siempre la lengua española, marcando con líneas bien precisas un antes y un después de Borges.

 

Centrándonos en el Borges periodista, o mejor, en su relación con el periodismo, empezaremos diciendo que publicó en 1910, en El País, de Buenos Aires, la traducción de un cuento de Oscar Wilde, iniciando así una relación con los medios escritos que no finalizaría nunca. No en vano sus libros no son sino recopilaciones de sus colaboraciones en prensa, modificadas hasta el momento antes de entrar en la imprenta; y corregidas antes de cada nueva edición: perfeccionando continuamente la sintaxis y la semántica de cada texto.

Cronológicamente, a partir de esta primera colaboración, podemos destacar otras tantas:

En 1919, Borges vivía en Mallorca y envió a Ginebra un escrito en francés sobre sendos libros de Baroja y Azorín. A continuación apareció el que sería su primer poema publicado, "Himno al mar", que junto a los siguientes lo marcarían como cabeza visible del ultraísmo, con su culto a la metáfora, liderado por Cansinos Assens, a quien consideraba su maestro. Siguen en esa época un buen número de colaboraciones en Baleares y Última Hora, de Mallorca, y en El Faro, de Galicia. De esa época data el inicio de su correspondencia con Abramovich y Jacobo Sureda, entablando junto a este último, a través de medios baleares, una agria aunque cortés polémica con los conservadores de la isla, basada en réplicas y contrarréplicas y en el convencimiento de que cuanto mayor fuera la polémica, más se hablaría de ellos.

En 1921 regresa a Buenos Aires tras siete años de ausencia, redescubriendo una ciudad europea en América del Sur, en la que todo ha cambiado, incluido el joven JLB que lleva consigo tres nuevas lenguas, entre ellas el alemán aprendido por su cuenta para leer a Schopenhauer. Introduce el ultraísmo a través de Prisma, revista mural cuyo primer número aparece en las paredes de la ciudad en Diciembre de 1921. En Nosotros publica un poema titulado "Ultraísmo", mientras Prisma, sin perder entusiasmo, llega a su segundo y último número en Marzo de 1922; entusiasmo continuado en Proa hasta Marzo de 1923, en que podemos dar por concluida la primera época de la revista. En este mismo año publica su primer libro, "Fervor de Buenos Aires", que inicia una etapa de reivindicación de una cierta identidad criolla y universal, y que tras una nueva estancia en Europa de un año de duración, continúa a partir de Julio de 1924 y termina en 1930 con "Evaristo Carriego".

Entretanto, y a pesar de (o precisamente por) los amigos dejados atrás, sigue remitiendo colaboraciones a revistas españolas, escribiendo en 1924 para Revista de Occidente; y presentando en 1926 algunos de sus poemas en Alfar, revista editada por el cónsul uruguayo en La Coruña, quien siguió publicándola en su país hasta 1955. Mientras, continúa la aventura de Proa, que ilustrada por su hermana, alcanza y se despide en el número 15, en el que Borges escribe: déme el chambergo y el bastón, que me voy.

En Inicial de Buenos Aires aparecen artículos y poemas suyos; y ya en Junio de 1928 aparece publicada en La Gaceta Literaria la conferencia "El idioma de los argentinos", nunca leída por Borges debido a su insalvable timidez.

Siendo estos hechos aislados en su vida periodística, ninguno de ellos menoscaba la importancia de cualquiera de sus intervenciones. No se trata de un recorrido en línea recta, sino de un laberinto en que el azar depositó escritos de JLB en cualquier rincón de La Razón, La Opinión, Clarín y tantos otros medios y países: Argentina, Uruguay, España. Así hasta que llegamos a Los anales de Buenos Aires, que dirigió hasta 1946 y en la que publicó, ilustrado por Nora Borges, "Casa tomada", de Julio Cortázar, de quien posteriormente lo separaría la política manteniendo ambos, sin embargo, la estima y el respeto por la obra respectiva.

Aún hay más: codirigió Multicolor de los sábados, y colaboró en Sur, fundada por Silvina Ocampo. Durante toda su vida nunca negó unas notas, un artículo, una respuesta, una entrevista... aunque muchas veces añore, durante estas últimas, la formación de los interlocutores, que en muchas ocasiones formulan preguntas a partir de sus respuestas en intervenciones anteriores, sin ser especialistas y, a menudo, entrevistándole por el simple hecho de ser un personaje famoso.

¿Y la realidad? Borges sólo escribió de ella en relación con la literatura, aunque también manifestó su opinión sobre el aquí y ahora en revistas como Sur, en la que publicó una crítica contra la barbarie del nazismo titulada "Ensayo de imparcialidad" y otros como "La Guerra en América" o "Notas sobre la paz". En todos ellos hizo una apuesta por la libertad; y si bien confió en el Gobierno del Proceso, manifestó su repulsa al escuchar historias sobre torturas y desapariciones, al tiempo que sus opiniones le hicieron renunciar al puesto de Director de la Biblioteca Nacional. Su visión de la realidad se lee también en "Si hay miseria, que no se note", un sarcástico artículo sobre la situación del país en que mezcla lo trágico y lo ridículo; o en los dos artículos de igual título pero escritos con más de medio siglo de separación titulados "Nuestras imposibilidades", en los que muestra los defectos de la sociedad argentina, mostrando su fatiga ante una situación que tilda de permanente y bien conocida, pues no en vano, afirma: "hace muchas generaciones que soy argentino". En todos ellos, en definitiva, defiende los valores que adoptó como norma de vida, siguiendo a su filósofo preferido, Bertrand Russell, y cambiando cuando la realidad imponía dicho cambio, porque como él mismo decía: "sólo los idiotas no cambian de opinión".


La obtención en 1961, junto a Samuel Becket, del Premio Formentor, hace que su fama explosione en todo el mundo, sobre todo por su narrativa, y aunque no se siente abrumado por tal peso, él siempre afirma reconocerse más como poeta, inolvidable autor de, entre otros muchos: "El hacedor", "Luna de enfrente", "El otro, el mismo", o "Los conjurados".

Desde entonces, la fama de Jorge Luis Borges no ha dejado de crecer, y prueba de ello son, además de las permanentes reediciones de sus obras en infinidad de idiomas, los continuos homenajes o actos en torno a su persona o su obra realizados en China, India, Marruecos o cualquier otro lugar del mundo. Fue precisamente en Marraquech donde su viuda, María Kodama, pudo escuchar a un contador de cuentos narrar, ante un público entregado de bocas entreabiertas y cuerpos ligeramente inclinados hacia delante, una historia en árabe entre la que en ocasiones se escuchaba la palabra "Borges". Preguntados los traductores sobre el significado de dicha palabra, contestan "que Borges significa Borges". La respuesta es sencilla y maravillosa: el cuentacuentos ha traducido un relato sobre Averroes del árabe clásico al dialecto de Marraquech, para así poder ser entendido por una audiencia prácticamente analfabeta, y ha entremezclado el apellido de Jorge Luis Borges sabedor de la pasión de éste por todo lo árabe.

En el cuento que tantas veces contó, Borges ha terminado siendo una parte del mismo, escuchando el cuento que pudo escribir contado por alguien que lo incluye como un personaje más, en un bucle infinito que nos habla de la verdadera universalidad de cualquiera de los Borges aquí reflejados.

* Este artículo ha sido escrito a partir de la Conferencia del mismo título pronunciada por María Kodama en Granada, durante el mes de Abril de 2001.

 
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2001, El Muro Cultural