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| BUENOS
AIRES DESDE EL MUNDO |
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| Recordándote
Buenos Aires |
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Siempre
me había preguntado si aquello de los tangos y el mate,
que tanto predicaban quienes habían tenido que vivir
fuera de Argentina, como una forma de aplacar la nostalgia,
era real.
Hace
ya algunos años que vivo en La Habana y puedo asegurar
que lo de los tangos es real, ayuda a estar un poco más
cerca, a no olvidar rincones muy queridos, especialmente de
aquella Reina del Plata bastante venida a menos últimamente.
Lo del mate es distinto. No solamente por qué acá la yerba no
se cultiva sino porque siempre ha sido una actividad social
y la verdad es que chupar la bombilla solo, se torna muy aburrido.
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Lo cierto es que como buenos Latinoamericanos, ambos pueblos
tienen características que los acercan.
Si bien Cuba se identifica con la música de salsa, merengue
(meta comida compay, diría un amigo de la loma) y cha
cha chá, varias tanguerías se desparraman en la geografía
de La Habana. Pero también, en reuniones familiares donde
esté presente algún argentino, el tango, cantado a cappela,
forma parte del repertorio de los dicharacheros cubanos
admiradores de Hugo del Carril, Carlos Gardel y Libertad
Lamarque. |
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Mi Buenos
Aires querido, ¡si Carlitos te volviera a ver!. Con el
Abasto convertido en un shopping y tus Mc Donálds, de
hamburguesas contaminantes, que florecen por doquier.
Ya
no sos aquella de tus orgullosos cien barrios, a quien cantara
el bueno de Alberto Castillo. Muchos te los ha borrado la globalización
y otros nuevos se levantan, al amparo de aquellos propiciadores
que quieren quedar en la historia a costa tuya.
Me
cuentan los viajeros que vienen desde tus entrañas a
desestresarse por estas playas caribeñas, que ahora quieren
politizar esos barrios y transformarlos, al igual que aquí,
en algo así como municipios o comunas con clientela política
barrial y burócratas de turno administrándolos;
como si no alcanzaran los actuales.
Como olvidarte Buenos Aires, si caminar por la calzada del Cerro,
con sus casas antiguas y sus automóviles de los años
cincuenta, destartalados la mayoría, me transportan a
mi antiguo barrio de San Telmo, con sus veredas angostas y sus
casonas de la época colonial algunas de ellas; aunque
por sus calles, aún empedradas algunas y mostrando las
huellas entrecortadas, como lenguas de acero, de las vías
del tranvía otras, circulen automóviles último
modelo.
La plaza de la Revolución, una metáfora realmente,
pues acá las plazas son, en realidad, playones donde
se realizan los actos políticos, que alberga en su seno
el monumento a José Martí es, cerrando los ojos
y transportándonos en el espacio y el tiempo, nuestra
plaza de Mayo, con sus floridos jardines y el obelisco, símbolo
de los porteños. |
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Como
olvidar aquellos domingos, que acá son tan aburridos.
Boquita, la Bombonera. Palermo: Legui, viejo y peludo
nomás, por una cabeza.
La verdad, era mágico. Aquellos días de
sol en Palermo eran incomparables, si creo que uno salía
contento hasta cuando perdía.
Recuerdo
la primera vez que lo visité, no entendía
ni jota, le aposté a una yegua que respondía
al nombre Candela, que acá, en Cuba, significa
fuego, porque así se llamaba la quinta de San Justo
donde entrenaba el plantel de Boca Junios. No figuraba
en ningún lado en los pronósticos previos,
pero ganó y pagó $206 "per cápita".
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Nosotros,
había ido con un primo, festejábamos a los gritos,
mientras a nuestro alrededor todos rompían sus boletos
y nos lanzaban unas miraditas de quien dice: "que cu...,
claro, estos no saben nada de carreras, ese matungo no podía
ganar nunca". Pero ganamos... y a cobrar.
Buenos Aires mi tierra querida, si estás lejos mejor
hay que amarte y decir toda la vida, antes morir que olvidarte. |
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