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BUENOS AIRES DESDE EL MUNDO
LA HABANA, Cuba
por Carlos Raúl Carbajal
carbajalcarlosr@hotmail.com
Recordándote Buenos Aires
 
Siempre me había preguntado si aquello de los tangos y el mate, que tanto predicaban quienes habían tenido que vivir fuera de Argentina, como una forma de aplacar la nostalgia, era real.
Hace ya algunos años que vivo en La Habana y puedo asegurar que lo de los tangos es real, ayuda a estar un poco más cerca, a no olvidar rincones muy queridos, especialmente de aquella Reina del Plata bastante venida a menos últimamente.
Lo del mate es distinto. No solamente por qué acá la yerba no se cultiva sino porque siempre ha sido una actividad social y la verdad es que chupar la bombilla solo, se torna muy aburrido.
   
Lo cierto es que como buenos Latinoamericanos, ambos pueblos tienen características que los acercan.
Si bien Cuba se identifica con la música de salsa, merengue (meta comida compay, diría un amigo de la loma) y cha cha chá, varias tanguerías se desparraman en la geografía de La Habana. Pero también, en reuniones familiares donde esté presente algún argentino, el tango, cantado a cappela, forma parte del repertorio de los dicharacheros cubanos admiradores de Hugo del Carril, Carlos Gardel y Libertad Lamarque.
   
Mi Buenos Aires querido, ¡si Carlitos te volviera a ver!. Con el Abasto convertido en un shopping y tus Mc Donálds, de hamburguesas contaminantes, que florecen por doquier.
Ya no sos aquella de tus orgullosos cien barrios, a quien cantara el bueno de Alberto Castillo. Muchos te los ha borrado la globalización y otros nuevos se levantan, al amparo de aquellos propiciadores que quieren quedar en la historia a costa tuya.
Me cuentan los viajeros que vienen desde tus entrañas a desestresarse por estas playas caribeñas, que ahora quieren politizar esos barrios y transformarlos, al igual que aquí, en algo así como municipios o comunas con clientela política barrial y burócratas de turno administrándolos; como si no alcanzaran los actuales.
Como olvidarte Buenos Aires, si caminar por la calzada del Cerro, con sus casas antiguas y sus automóviles de los años cincuenta, destartalados la mayoría, me transportan a mi antiguo barrio de San Telmo, con sus veredas angostas y sus casonas de la época colonial algunas de ellas; aunque por sus calles, aún empedradas algunas y mostrando las huellas entrecortadas, como lenguas de acero, de las vías del tranvía otras, circulen automóviles último modelo.
La plaza de la Revolución, una metáfora realmente, pues acá las plazas son, en realidad, playones donde se realizan los actos políticos, que alberga en su seno el monumento a José Martí es, cerrando los ojos y transportándonos en el espacio y el tiempo, nuestra plaza de Mayo, con sus floridos jardines y el obelisco, símbolo de los porteños.
   
Como olvidar aquellos domingos, que acá son tan aburridos. Boquita, la Bombonera. Palermo: Legui, viejo y peludo nomás, por una cabeza.
La verdad, era mágico. Aquellos días de sol en Palermo eran incomparables, si creo que uno salía contento hasta cuando perdía.
Recuerdo la primera vez que lo visité, no entendía ni jota, le aposté a una yegua que respondía al nombre Candela, que acá, en Cuba, significa fuego, porque así se llamaba la quinta de San Justo donde entrenaba el plantel de Boca Junios. No figuraba en ningún lado en los pronósticos previos, pero ganó y pagó $206 "per cápita".
   
Nosotros, había ido con un primo, festejábamos a los gritos, mientras a nuestro alrededor todos rompían sus boletos y nos lanzaban unas miraditas de quien dice: "que cu..., claro, estos no saben nada de carreras, ese matungo no podía ganar nunca". Pero ganamos... y a cobrar.

Buenos Aires mi tierra querida, si estás lejos mejor hay que amarte y decir toda la vida, antes morir que olvidarte.
 
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2001, El Muro Cultural