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NBuenos Aires desde La Habana, Cuba
por Carlos Raúl Carbajal»n
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Mi Viejo Barrio.
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Hacia 1735, al sur del Zanjón de Granados, en los altos de San Pedro, alrededor de la residencia de los padres Bathlemitas y la pequeña plaza de la Residencia (actual plaza Dorrego), parada obligada de carretas en tránsito del puerto hacia la plaza Mayor, comienza a formarse un barrio cuya población, de gente humilde, ocupada en tareas del puerto, adoptó a San Pedro González Telmo, patrono de los navegantes, como protector del barrio.

San Telmo estaría destinada a ser escenario histórico de la lucha por la emancipación nacional y sus hijos partícipes principalísimos de la misma.

El 5 de julio de 1807 las lavanderas, subiendo del río jadeantes y asustadas, anunciaban a los gritos haber visto a las tropas inglesas remontando las calles de Santa Bárbara y "del Puerto" hacia la "residencia".


Los invasores ocupan la iglesia de Nuestra Señora de Belén, en el Alto de San Pedro y luego de reagruparse reanudan la marcha entre el hostigamiento de los vecinos del Alto; criollos, negros y mestizos. Descalzos y semidesnudos, armados de piedras y viejos arcabuces los menos, intentan impedirles el paso hacia la plaza Mayor, procurando retardar su
marcha, dando tiempo a las fuerzas patriotas para organizar la Reconquista de Buenos Aires.

Una de esas mujeres patriotas fue Martina Céspedes quien en su pulpería, contigua a la residencia de los padres Bathlemitas y frente a la iglesia y convento de Nuestra Señora de Belén, hacía pasar a los soldados ingleses de a uno y a medida que se emborrachaban, ayudada por sus hijas, los desarmaba y luego de maniatados los fue encerrando en el sótano y distintas habitaciones.

Después de la capitulación se presentó ante Liniers con once soldados, reteniendo a uno, del cual su hija menor se había enamorado, solicitándole permiso para su hija poder casarse con él. Liniers accedió y le concedió, además, el grado de Sargento Mayor, con derecho a usar uniforme, por los servicios prestados a la Patria.

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Pocos años después, en 1810, palpando la maduración cívica y patriótica del pueblo, demostrada fundamentalmente durante la Reconquista de Buenos Aires y como consecuencia de los acontecimientos en España (invasión de Napoleón Bonaparte), un grupo de patriotas conforman un gobierno de unidad, con un fuerte respaldo popular.

Domingo French, vecino de San Telmo, junto a Antonio Berutti entregados sin retaceos a la causa revolucionaria, nombrados jefes de los "chisperos", fueron los encargados de encender el fuego enmancipador en las masas populares del arrabal, que se volcaron por completo en apoyo de dicha causa.


Pero también se entretejen, entre malvones, glicinas, madreselvas y jazmineros en flor otras historias de pasión y traiciones como aquella ocurrida durante la época de Rosas, en que el sargento mazorquero Oliden, según las pautas establecidas en la época, por las cuales los padres elegían el prometido de sus hijas, entregó su hija Margarita en matrimonio al jefe de los mazorqueros Ciriaco Cuitiño.

Margarita, enamorada perdidamente del payador Juan Cruz Cuello, decide desobedecer el mandato de su padre y huye con su enamorado. Cuitiño los persigue hasta encontrarlos en la localidad de Luján donde hiere de muerte a Margarita, que regresa a su casa, donde funcionaba una tasca de cuchilleros, para morir allí.

Muchas otras historias puede uno imaginarse deambulando por sus veredas angostas, como aquella del Viejo café del Paseo Colón, o bien admirando los frentes de las viejas casonas con ángeles o pérgolas y recordar, que al igual que La Habana Vieja, San Telmo pudo haber sido declarado en su momento Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, de no haber sido porque ciertos intendentes, militares y civiles, a su turno, modificaron el código de planeamiento edilicio para favorecer a sospechosos intereses inmobiliarios que proponían echar abajo "las casas viejas", para levantar en su lugar modernos edificios en torre, o transformar al histórico Mercado de San Telmo en un Shopping, con dinero proveniente del lavado de narcodólares.

Pero algo consiguieron, San Telmo ya no es más el que era. A partir de la instauración de la última dictadura, pasó a convertirse en zona de turismo y comercialmente vedada, por sus precios, a los propios habitantes del barrio.

Los viejos bodegones se remodelaron, se le inventaron historias, al igual que en La Habana Vieja, y comenzaron a cobrar en dólares.

La casa de French pasó a ser una galería comercial en que el valor lo marca el dólar, la antigua calle Mayor es un desfile de extranjeros que ni saben quien fue French, ni mucho menos les interesa y la plaza Dorrego, único lugar declarado histórico, donde se originó el barrio y baluarte en la Reconquista de Buenos Aires, es sólo el patio trasero de los bares y restaurantes del lugar que se la han adueñado, al margen de la feria de cachivaches, llamados antigüedades, que la ocupa los domingos.

Mi viejo barrio, como has cambiado. Recuerdo los picados en la placita, las épocas de mishiadura alimentada a café con leche, los ravioles en platos soperos y el gaita guardándonos para la noche el vino que sobraba en la botella, en aquellos bodegones, que ya no existen, de la calle Defensa, después de haber disfrutado en el Cecil "dos películas por un peso".

¡Si hasta parece que fue un sueño!.

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