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NBuenos
Aires desde La Habana, Cuba |
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Atlético. |
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Junio
de 1978, el país está embanderado, de norte a sur y de este
a oeste, algo muy importante ocurre. Hace exactamente veintiséis
meses, un golpe de estado ha venido a llenar "un vacío de poder",
en nombre del occidentalismo y el cristianismo. Una nueva "cruzada"
ha comenzado, para "defender" al pueblo inerme de los "apátridas
mercenarios" del poder rojo.
Los organismos internacionales de Derechos Humanos y algunos Estados han
comenzado a levantar sus voces, sobre algunas "cosas raras" que
ocurren en la Argentina, pero sin demasiado énfasis.
Se escucha hablar de zonas liberadas, falcon verdes que aparecen y desaparecen,
pozos y vuelos de la muerte.
Allá, afuera, un pacto de silencio busca enterrar, más profundamente
que en una fosa, una complicidad que los implica. Acá, adentro, una
lucha interior entre el obrero y el estudiante que asisten impotentes, a
pesar de su resistencia, a la desaparición de compañeros,
amigos o familiares y esperando, en cualquier momento, correr esa misma
suerte, por un lado y una burguesía, siempre rayana en la estupidez
y la hipocresía, que opina que "en algo andarían",
por otro.
¿Pero, que hacer para distraer la atención mundial y demostrar
que "los argentinos somos derechos y humanos"?.
¡Ya sé!. ¡Un Mundial!. ¡Eso, un Mundial de Fútbol!.
¡pero cómo!.
No hay presupuesto para salud y menos para educación. Las escuelas,
en las provincias norteñas, se caen a pedazos y los niños
no tienen que comer; pero, hay que construir urgente seis super estadios
de fútbol y cruzar de autopistas Buenos Aires, porque demostrar al
mundo que somos "derechos y humanos" es lo esencial.
¿Pero, que hacer con los detenidos desaparecidos?. ¡Ah, sí!.
¿Y si los ponemos de relleno de autopistas y campos de juego?. ¡Y
ahí fueron a parar!.
-Linda canchau esta de Esmau (ESMA - Escuela de Mecánica de la Armada).
-opinó un periodista extranjero, invitado especialmente- Que buen
drenajiu chiene el campo de juégo, pero me da miedou, pareciera que
desde sus entrañas algo nos mirarau.
-Señor -respondió un almirante rechoncho-, debe ser el reflejo
del sol que lo perturba.
1° de Junio, que linda fiesta de inauguración en River, una fiesta
del deporte. Los gimnastas, concentrados en su labor, no tienen fisuras
en la demostración. ¡Es la muestra más cabal de una
juventud libre, que avanza hacia el futuro, por el camino de la paz y el
orden!.
Cosa más o menos, expresaría el dictador Videla en su discurso,
en medio de la silbatina general.
¡Esos rojos de mierda, siempre organizando y subvirtiendo a las multitudes!.
Se sienta, sin una mueca, en el palco oficial. A su izquierda, el presidente
de la FIFA, Havelange y el dictador Banzer, de Bolivia. A su derecha, el
mismísimo Henry Kissinger.
-¿Qué le gustaba el fútbol?. ¿Usted cree?. ¡Vamos...!.
-¡Okey géneral, tiene nuestro visto bueno!.
Entre las celebraciones por la actuación del equipo, una carta, cuidadosamente
despachada desde las oficinas del Correo Central, como cualquier otra, lleva
como destino Holanda y como destinataria la señora madre de Krol,
jugador de la selección holandesa, y como remitente a su hijo. En
ella le explica sobre las bellezas del país y la alegría de
la gente por el estado de tranquilidad en que viven. ¡Claro!, años
más tarde se descubrió que la misma había sido enviada
por la mismísima Junta Militar, sin conocimiento de dicho jugador.
30 de junio, ¡Argentina campeón!. ¡Vamos Argentina todavía!.
¡Tiren papelitos muchachos!.
Se van los extranjeros. Mister Kissinger sale sonriente de la "Rosada":
¡Muchachos muy simpáticos y patriotas los gobernantes. Derechos,
humanos, occidentales y cristianos!. ¡Todo OK, a pedir de boca, digo...
de EEUU!.
Paseo Colón y Cochabamba, barrio de San Telmo, a mil metros de Plaza
de Mayo, en un viejo edificio que ocupó, en alguna época,
la Compañía General de Fósforos, destinado en ese momento
para depósito de la policía federal funcionaba, en su sótano,
el centro clandestino de detención "El Atlético"
o "Club Atlético", con cuarenta y una celdas y distintas
salas de tortura.
Mientras la multitud rugía y festejaba en el obelisco porteño
el triunfo obtenido, en el Club Atlético los gritos de los torturados
eran "silenciados" hacia el exterior por la música a todo
volumen y grabaciones de discursos de Hitler; mientras los médicos,
auxiliando o inyectando a las víctimas cuando éstas estaban
a punto de morir de dolor, para poder proseguir con la tortura o ciertos
sacerdotes, conminándolos al arrepentimiento, durante la extremaución,
completaban el espectro terrorista.
Sólo en 1977, mil ochocientas personas "desaparecidas"
fueron salvajemente torturadas en el "Atlético" hasta su
traslado, para la construcción de una de las actuales autopistas,
que pasa sobre el solar y que pretendió enterrar, bajo sus cimientos,
este pasado de terror.
El 13 de abril (2002) comenzaron en el lugar las excavaciones tendientes
a reconstruir una parte de la historia trágica del país y
en este caso del barrio de San Telmo, durante los ocho años que gobernó
la última dictadura militar.
Claudia, 75 años, recuerda: "Secuestraron a mi hija que tenía
diecinueve años, al novio, a un sobrino y a mí. Nos robaron
todo. Aquí estábamos vendados y encadenados con argollas.
Después nos dejaron en libertad a mi sobrino y a mí, pero
mi hija y su novio son desaparecidos. Un día, cuando estaba detenida,
alcancé a ver los zapatos de mi hija, porque la venda no me impedía
ver del todo, la toqué y se asustó. Le dije: "no te asustes,
soy tu mamá". Nos abrazamos y nos besamos. Ella me dijo: "mamita
no resisto más la picana, creo que me voy a morir". Nos separaron.
Esa fue la última vez que la vi ".
Ana fue secuestrada en la intersección de Juan B. Justo y Corrientes,
en el barrio de Villa Crespo, el 17 de junio de 1977, cuando tenía
dieciséis años y estaba embarazada, siendo conducida al Atlético.
"La Argentina durante la dictadura fue un país sembrado de campos
de concentración. Buscaban la despersonalización de los detenidos,
tratando de quebrarlos mediante la tortura (hasta a las embarazadas se les
torturaba el feto introduciéndoles una cuchara en la vagina, por
medio de la cual se le pasaba corriente eléctrica con la picana).
Estando en esas circunstancias lo único que querés es morirte,
porque no tenés ninguna defensa".
Es dramáticamente emocionante ver a los familiares mirando hacia
los sótanos y diciendo "acá estuvo mi hijo, mi hija,
mi padre, mi madre", imaginando sus figuras, porque no hay imágenes
para la muerte.
El Atlético o Club Atlético es ya uno de los símbolos
de la memoria del barrio y de la lucha por la justicia; pero, con la memoria
sola no alcanza. La justicia llegará el día que se ponga fin
a la impunidad y otra cultura, basada en una moral solidaria y una nueva
conciencia, dé nacimiento a un nuevo ser libre de la enajenación
a que lo somete el sistema imperante. |
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