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NBuenos Aires desde La Habana, Cuba
por Carlos Raúl Carbajal»n
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Club Atlético.
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Junio de 1978, el país está embanderado, de norte a sur y de este a oeste, algo muy importante ocurre. Hace exactamente veintiséis meses, un golpe de estado ha venido a llenar "un vacío de poder", en nombre del occidentalismo y el cristianismo. Una nueva "cruzada" ha comenzado, para "defender" al pueblo inerme de los "apátridas mercenarios" del poder rojo.

Los organismos internacionales de Derechos Humanos y algunos Estados han comenzado a levantar sus voces, sobre algunas "cosas raras" que ocurren en la Argentina, pero sin demasiado énfasis.

Se escucha hablar de zonas liberadas, falcon verdes que aparecen y desaparecen, pozos y vuelos de la muerte.

Allá, afuera, un pacto de silencio busca enterrar, más profundamente que en una fosa, una complicidad que los implica. Acá, adentro, una lucha interior entre el obrero y el estudiante que asisten impotentes, a pesar de su resistencia, a la desaparición de compañeros, amigos o familiares y esperando, en cualquier momento, correr esa misma suerte, por un lado y una burguesía, siempre rayana en la estupidez y la hipocresía, que opina que "en algo andarían", por otro.

¿Pero, que hacer para distraer la atención mundial y demostrar que "los argentinos somos derechos y humanos"?.
¡Ya sé!. ¡Un Mundial!. ¡Eso, un Mundial de Fútbol!. ¡pero cómo!.

No hay presupuesto para salud y menos para educación. Las escuelas, en las provincias norteñas, se caen a pedazos y los niños no tienen que comer; pero, hay que construir urgente seis super estadios de fútbol y cruzar de autopistas Buenos Aires, porque demostrar al mundo que somos "derechos y humanos" es lo esencial.

¿Pero, que hacer con los detenidos desaparecidos?. ¡Ah, sí!. ¿Y si los ponemos de relleno de autopistas y campos de juego?. ¡Y ahí fueron a parar!.

-Linda canchau esta de Esmau (ESMA - Escuela de Mecánica de la Armada).
-opinó un periodista extranjero, invitado especialmente- Que buen drenajiu chiene el campo de juégo, pero me da miedou, pareciera que desde sus entrañas algo nos mirarau.
-Señor -respondió un almirante rechoncho-, debe ser el reflejo del sol que lo perturba.

1° de Junio, que linda fiesta de inauguración en River, una fiesta del deporte. Los gimnastas, concentrados en su labor, no tienen fisuras en la demostración. ¡Es la muestra más cabal de una juventud libre, que avanza hacia el futuro, por el camino de la paz y el orden!.

Cosa más o menos, expresaría el dictador Videla en su discurso, en medio de la silbatina general.
¡Esos rojos de mierda, siempre organizando y subvirtiendo a las multitudes!.
Se sienta, sin una mueca, en el palco oficial. A su izquierda, el presidente de la FIFA, Havelange y el dictador Banzer, de Bolivia. A su derecha, el mismísimo Henry Kissinger.
-¿Qué le gustaba el fútbol?. ¿Usted cree?. ¡Vamos...!.
-¡Okey géneral, tiene nuestro visto bueno!.

Entre las celebraciones por la actuación del equipo, una carta, cuidadosamente despachada desde las oficinas del Correo Central, como cualquier otra, lleva como destino Holanda y como destinataria la señora madre de Krol, jugador de la selección holandesa, y como remitente a su hijo. En ella le explica sobre las bellezas del país y la alegría de la gente por el estado de tranquilidad en que viven. ¡Claro!, años más tarde se descubrió que la misma había sido enviada por la mismísima Junta Militar, sin conocimiento de dicho jugador.

30 de junio, ¡Argentina campeón!. ¡Vamos Argentina todavía!. ¡Tiren papelitos muchachos!.

Se van los extranjeros. Mister Kissinger sale sonriente de la "Rosada": ¡Muchachos muy simpáticos y patriotas los gobernantes. Derechos, humanos, occidentales y cristianos!. ¡Todo OK, a pedir de boca, digo... de EEUU!.

Paseo Colón y Cochabamba, barrio de San Telmo, a mil metros de Plaza de Mayo, en un viejo edificio que ocupó, en alguna época, la Compañía General de Fósforos, destinado en ese momento para depósito de la policía federal funcionaba, en su sótano, el centro clandestino de detención "El Atlético" o "Club Atlético", con cuarenta y una celdas y distintas salas de tortura.

Mientras la multitud rugía y festejaba en el obelisco porteño el triunfo obtenido, en el Club Atlético los gritos de los torturados eran "silenciados" hacia el exterior por la música a todo volumen y grabaciones de discursos de Hitler; mientras los médicos, auxiliando o inyectando a las víctimas cuando éstas estaban a punto de morir de dolor, para poder proseguir con la tortura o ciertos sacerdotes, conminándolos al arrepentimiento, durante la extremaución, completaban el espectro terrorista.

Sólo en 1977, mil ochocientas personas "desaparecidas" fueron salvajemente torturadas en el "Atlético" hasta su traslado, para la construcción de una de las actuales autopistas, que pasa sobre el solar y que pretendió enterrar, bajo sus cimientos, este pasado de terror.

El 13 de abril (2002) comenzaron en el lugar las excavaciones tendientes a reconstruir una parte de la historia trágica del país y en este caso del barrio de San Telmo, durante los ocho años que gobernó la última dictadura militar.

Claudia, 75 años, recuerda: "Secuestraron a mi hija que tenía diecinueve años, al novio, a un sobrino y a mí. Nos robaron todo. Aquí estábamos vendados y encadenados con argollas. Después nos dejaron en libertad a mi sobrino y a mí, pero mi hija y su novio son desaparecidos. Un día, cuando estaba detenida, alcancé a ver los zapatos de mi hija, porque la venda no me impedía ver del todo, la toqué y se asustó. Le dije: "no te asustes, soy tu mamá". Nos abrazamos y nos besamos. Ella me dijo: "mamita no resisto más la picana, creo que me voy a morir". Nos separaron. Esa fue la última vez que la vi ".

Ana fue secuestrada en la intersección de Juan B. Justo y Corrientes, en el barrio de Villa Crespo, el 17 de junio de 1977, cuando tenía dieciséis años y estaba embarazada, siendo conducida al Atlético. "La Argentina durante la dictadura fue un país sembrado de campos de concentración. Buscaban la despersonalización de los detenidos, tratando de quebrarlos mediante la tortura (hasta a las embarazadas se les torturaba el feto introduciéndoles una cuchara en la vagina, por medio de la cual se le pasaba corriente eléctrica con la picana). Estando en esas circunstancias lo único que querés es morirte, porque no tenés ninguna defensa".

Es dramáticamente emocionante ver a los familiares mirando hacia los sótanos y diciendo "acá estuvo mi hijo, mi hija, mi padre, mi madre", imaginando sus figuras, porque no hay imágenes para la muerte.

El Atlético o Club Atlético es ya uno de los símbolos de la memoria del barrio y de la lucha por la justicia; pero, con la memoria sola no alcanza. La justicia llegará el día que se ponga fin a la impunidad y otra cultura, basada en una moral solidaria y una nueva conciencia, dé nacimiento a un nuevo ser libre de la enajenación a que lo somete el sistema imperante.
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