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NBuenos Aires desde La Habana, Cuba
por Carlos Raúl Carbajal»n
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Historia de burdeles y almacenes
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El Viejo Almacén,
esquina Independencia
y Balcarce, San Telmo


El Viejo Almacén,
esquina Independencia
y Balcarce, San Telmo

La atracción del turismo ha sido el negocio más rentable en todo el mundo, sobre todo a partir del último cuarto del pasado siglo.

En La Habana Hemingway, sin proponérselo, ha allegado muchos dólares a las arcas del gobierno. La Bodeguita del Medio y el Floridita, como así también el hotel Ambos Mundos, donde era conducido por su chofer, en estado de ebriedad muchas veces, luego de alternar y beberse sus botellas de ron en los dos primeros, con una buena promoción, son centros de curiosidad y asistencia de los turistas, dispuestos a embeberse con las historias de traficantes, prostitutas, ron y tabaco, buscando transportarse en el espacio y el tiempo a una aventura inimaginable, pero siempre deseada por cualquier turista burgués con ganas de liberarse de su propia estupidez, como si el alma del gran escritor norteamericano pudiera imbuirlo de otra personalidad diferente al yuppy que pretende ocultar, dejando allí un buen fajo de “verdes o fulas” a cambio de platos típicos cubanos, un mojito, un daikirí o, simplemente una botella de ron acompañados de un aromático puro.

En San Telmo, el Viejo Almacén es uno de esos casos gemelos a los de los ex burdeles de La Habana Vieja, con la diferencia que no hubo allí alguna figura famosa creadora de una historia, sino que el sitio se adaptó a una letra, con ritmo de tango…
En un viejo almacén
del Paseo Colón
donde van los que tienen
perdida la fe…
… para crearle esa historia de misticismo, que era imprescindible.

En 1968 adquiere su nombre definitivo y en la segunda mitad de los años setenta, cuando se declara al barrio zona de interés turístico, se montan cenas- show tangueros, casi exclusivamente para extranjeros dispuestos a dejar allí también sus dólares, a cambio de cortes y quebradas, en lugar de salsa, merengue o cha cha chá.

En la intersección de la actual avenida Independencia con la calle Balcarce, ubicación de la tanguería, vértice sudeste del ejido de La Trinidad fundada por Juan de Garay en 1580, se estableció en 1844 el Hospital Inglés, con el propósito de brindar atención a los británicos que llegaban al país; sin embargo, sólo funcionó en esa esquina por el breve lapso de tres años.

Cuando el Hospital Inglés se trasladó, el local fue utilizado como almacén de ultramar, vinería al por mayor y menor y, por fin, el restaurante “Volga”, de inmigrantes rusos, donde brindaban a los parroquianos música y bebidas típicas, elaborada por ellos mismos.

Por esa época, las casas sólo constaban de una abertura en su frente, pasándose a la habitación principal a través de un cuero de vaca, que hacía las veces de puerta de la vivienda.

Sin embargo, la construcción que hoy ocupa el restaurante y tanguería data del siglo XIX donde las terrazas, las rejas y miradores van reemplazando a las construcciones más antiguas con sus techos de tejas rojas, aunque no se perdía la arraigada costumbre de pintar sus paredes a la cal.

De acuerdo a planos de principios de 1700, celosamente guardados en el Museo de la Ciudad, se puede ubicar en ese punto geográfico, sobre la barranca del río y en el sector del Alto de San Pedro, las denominadas Barrancas y Hornos de San Pedro o Fábrica de Ladrillos el Rey, que se habría establecido allí a principios del 1600.

La única relación entonces, del tango con el lugar, si es que el sitio del Paseo Colón a que se refiere es el de la esquina en cuestión, sería el “Volga” o bien alguna pulpería, íntimamente ligadas a los almacenes de su época y donde muchos de aquellos que “habían perdido su fe”, lo decían en payadas, a quién quisiera escucharlos.
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