
El Viejo Almacén,
esquina Independencia
y Balcarce, San Telmo

El Viejo Almacén,
esquina Independencia
y Balcarce, San Telmo
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La
atracción del turismo ha sido el negocio
más rentable en todo el mundo, sobre
todo a partir del último cuarto del
pasado siglo.
En La Habana Hemingway, sin proponérselo,
ha allegado muchos dólares a las arcas
del gobierno. La Bodeguita del Medio y el
Floridita, como así también
el hotel Ambos Mundos, donde era conducido
por su chofer, en estado de ebriedad muchas
veces, luego de alternar y beberse sus botellas
de ron en los dos primeros, con una buena
promoción, son centros de curiosidad
y asistencia de los turistas, dispuestos a
embeberse con las historias de traficantes,
prostitutas, ron y tabaco, buscando transportarse
en el espacio y el tiempo a una aventura inimaginable,
pero siempre deseada por cualquier turista
burgués con ganas de liberarse de su
propia estupidez, como si el alma del gran
escritor norteamericano pudiera imbuirlo de
otra personalidad diferente al yuppy que pretende
ocultar, dejando allí un buen fajo
de “verdes o fulas” a cambio de
platos típicos cubanos, un mojito,
un daikirí o, simplemente una botella
de ron acompañados de un aromático
puro.
En San Telmo, el Viejo Almacén es uno
de esos casos gemelos a los de los ex burdeles
de La Habana Vieja, con la diferencia que
no hubo allí alguna figura famosa creadora
de una historia, sino que el sitio se adaptó
a una letra, con ritmo de tango… |
En
un viejo almacén
del Paseo Colón
donde van los que tienen
perdida la fe… |
…
para crearle esa historia de misticismo, que
era imprescindible.
En 1968 adquiere su nombre definitivo y en
la segunda mitad de los años setenta,
cuando se declara al barrio zona de interés
turístico, se montan cenas- show tangueros,
casi exclusivamente para extranjeros dispuestos
a dejar allí también sus dólares,
a cambio de cortes y quebradas, en lugar de
salsa, merengue o cha cha chá.
En la intersección de la actual avenida
Independencia con la calle Balcarce, ubicación
de la tanguería, vértice sudeste
del ejido de La Trinidad fundada por Juan
de Garay en 1580, se estableció en
1844 el Hospital Inglés, con el propósito
de brindar atención a los británicos
que llegaban al país; sin embargo,
sólo funcionó en esa esquina
por el breve lapso de tres años.
Cuando el Hospital Inglés se trasladó,
el local fue utilizado como almacén
de ultramar, vinería al por mayor y
menor y, por fin, el restaurante “Volga”,
de inmigrantes rusos, donde brindaban a los
parroquianos música y bebidas típicas,
elaborada por ellos mismos.
Por esa época, las casas sólo
constaban de una abertura en su frente, pasándose
a la habitación principal a través
de un cuero de vaca, que hacía las
veces de puerta de la vivienda.
Sin embargo, la construcción que hoy
ocupa el restaurante y tanguería data
del siglo XIX donde las terrazas, las rejas
y miradores van reemplazando a las construcciones
más antiguas con sus techos de tejas
rojas, aunque no se perdía la arraigada
costumbre de pintar sus paredes a la cal.
De acuerdo a planos de principios de 1700,
celosamente guardados en el Museo de la Ciudad,
se puede ubicar en ese punto geográfico,
sobre la barranca del río y en el sector
del Alto de San Pedro, las denominadas Barrancas
y Hornos de San Pedro o Fábrica de
Ladrillos el Rey, que se habría establecido
allí a principios del 1600.
La única relación entonces,
del tango con el lugar, si es que el sitio
del Paseo Colón a que se refiere es
el de la esquina en cuestión, sería
el “Volga” o bien alguna pulpería,
íntimamente ligadas a los almacenes
de su época y donde muchos de aquellos
que “habían perdido su fe”,
lo decían en payadas, a quién
quisiera escucharlos. |
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