|
|
| BUENOS
AIRES DESDE EL MUNDO |
|
|
|
|
| Rumor
de cigarras II. |
| |
 |
En
Colombia, y más concretamente en la ciudad de Medellín,
aumentan en cantidades alarmantes los desplazados por
la violencia, víctimas de una rapiña de tierras y riquezas.
Da tristeza ir por las calles de esta ciudad y ver en
las aceras a mujeres indígenas, con sus niños de cara
sucia, pidiendo limosna. |
| Hotel
de Inmigrantes. Ubicada desde 1911 en Dársena Norte. El
edificio aún se conserva y esta destinado a las oficinas
de inmigración. |
|
|
| Sabemos
que en el caso de Buenos Aires -«La imaginada urbe que no han
visto nunca mis ojos» (Borges)- el origen se remonta a los millones
de inmigrantes que, luego de atravesar el mar, llegaron al puerto
con una maleta y una lengua que ya empezaba a ser guardada en
los baúles del olvido, para sacarla sólo en los diálogos de
familia y en los días santos. Esos millones de inmigrantes sufrían
de otro tipo de desplazamiento, el de las oportunidades, que
los sumía en la pobreza y por ello buscaron nuevos horizontes
en el sur de América. Así que el origen de Buenos Aires se remontaría
a la pobreza. Un medio de miseria, pobreza y frustración como
el nuestro, con deficiencia de educación, empleo, recreación,
etc., es un terreno abonado para que broten como cizaña líderes
paranoides cuyo síntoma principal es el delirio de persecución.
Este hecho tiene su dialéctica: el perseguidor es perseguido,
en tanto que el perseguido es perseguidor. Sin embargo, ningún
político o líder podría manipular a las masas, amasándolas para
que practiquen la Violencia, si no contara en ellas con Tánatos
o la pulsión de muerte. Estanislao Zuleta, que refiere "la felicidad
de la guerra" o "fiesta de la comunidad", afirma que las grandes
palabras solemnes: el honor la patria, los principios, son empleados
casi siempre para racionalizar el deseo de entregarse a esa
borrachera colectiva. |
| |
|

Polacos
en el viejo hotel de inmigrantes ubicado dónde hoy se
encuentra el andén nueve de la estación Retiro del Ferrocarril
General Mitre. Año 1899. |
El
abandono del propio terruño puede crear un sentimiento
de desarraigo, de desamparo. En "Sobre héroes y tumbas"
Ernesto Sábato ve a Buenos Aires como una ciudad de desamparados:
«Ahí estaba ahora aquel pequeño desamparado, uno de los
tantos en aquella ciudad de desamparados. Porque Buenos
Aires era una ciudad en que pululaban, como por otra parte
sucedía en todas las gigantescas y espantosas babilonias»
(Seix Barral, pg. 37). Es la gran paradoja de las grandes
ciudades del mundo: entre más habitantes, más sola se
encuentra la gente. |
|
| En la
política (definida como el arte del engaño) no hay amigos sino
intereses. En Colombia, a Tánatos o la pulsión de muerte se
añade al reino de una corrupción política llevada al extremo
de los extremos. El denominado "Proceso 8.000", en el que han
sido enjuiciados y condenados políticos del más alto rango por
peculado, malversación de fondos o por enriquecimiento ilícito,
es decir, por infiltración en sus cuentas bancarias de dineros
del narcotráfico a cambio de dádivas, es sólo la punta del iceberg.
En este punto retomo el principio que dice: «Los pueblos tienen
los gobernantes que se merecen», es decir, un pueblo que no
es capaz de afrontar sus males se merece su desamparo y su angustia.
|
| Basta
detenerse en las plazas y observar los rostros de la gente
para percatarse del desamparo y la angustia. En este país
nunca se ha leído bastante, pero ahora se lee mucho menos
que antes porque priman las necesidades del estómago.
Es algo bien diferente al Buenos Aires literario de la
gente elegante de las avenidas, de la avenida Corrientes,
de los caminos de la plaza San Martín, de los enamorados
que en los parques de Palermo tienen su metro cuadrado
de prado para acariciarse maldiciendo, del Camino a Santos
Lugares donde afirman que vive Sábato y se enceguece.
En su novela se refiere a los hombres silenciosos y solitarios
que a nadie le piden nada, que con nadie hablan, sentados
y pensativos en los bancos de las grandes plazas y parques
de la ciudad. |

Desembarcadero
en Dársena Norte |
|
Muchos
años antes, en "Fervor de Buenos Aires", el
panorama no era tan sombrío para Borges. En su poema
dedicado a la Plaza San Martín poetiza:
¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.
No es
para decir, ni mucho menos, que "Todo tiempo pasado fue
mejor". En Colombia, por ejemplo, heredamos la violencia
de nuestros padres, y ellos a su vez la heredaron de sus ancestros.
9 de abril de 1948: el asesinato por fuerzas reaccionarias
de Jorge Eliécer Gaitán, hecho que originó
bárbaros
conflictos entre liberales y conservadores, y el cielo gris
de Bogotá se tiñó de rojo. La Violencia
en Colombia empezó en las cúpulas de los partidos,
con la presencia de la Iglesia como uno de sus principales
instigadores y por ello se configuró como una inmensa
guerra religiosa, para extenderse como un polvorín
entre el pueblo. No fue una guerra civil entre liberales y
conservadores sino una violencia entre liberales pobres y
conservadores pobres, azuzados por los dirigentes de ambos
partidos que patrocinaban su odio. La polarización
política y la intolerancia extrema tuvieron por cosecha
innumerables masacres.
Todavía
hoy se padecen los efectos de toda esa frustración
institucional. Se sacó a colación la teoría
sociológica de que los colombianos somos violentos
por naturaleza, que en nosotros anida el odio y la venganza.
Lo cierto es que el amor frustrado o insatisfecho da origen
al odio y a las distintas
formas de violencia.
|
 |
Dada
la crítica situación económica
que lleva al desespero, sé que muchos argentinos
quisieran irse de Buenos Aires, de su país. Yo,
en cambio, quisiera irme de Colombia por la crítica
situación y estar en esa ciudad maravillosa del
fin del mundo, observar los personajes de sus barrios
variopintos, acompañar a los olvidados de algún
cafetín, perderme en plena avenida Corrientes
sin saber por dónde seguir, conversar con gente
de todos los credos y razas, incluso con los que no
dan fe de nada; visitar a los enigmáticos judíos
ortodoxos del Once con sus vestidos negros y las barbas
al aire..., se me acabó muy pronto la inspiración,
entonces llamo a Borges en mi auxilio:
|
|
Esta
ciudad que yo creí mi pasado
es mi porvenir, mi presente;
los años que he vivido en Europa son ilusorios,
yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires. |
| |
|
|
|
| |
|