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| De
mi diario: La Guerra de las Malvinas. |
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| Leyendo
mis diarios me encontré, de forma inesperada, una
nota de hace más de veinte años sobre la
guerra de las Malvinas. El presente es el producto del
pretérito. En cierta forma el futuro está
contenido en el pasado, y no hay que pretender borrar
la historia como se raspa un tablero. «Si no quieres
repetir el pasado, estúdialo», decía
Spinoza. |
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10 de mayo, 1983
Leí prensa en el salón Versalles tratando
de enterarme sobre el conflicto de las Malvinas
entre Argentina y Gran Bretaña. Las Malvinas
son unas doscientas islas que le pertenecieron al
país suramericano en el siglo pasado, a partir
de que declaró su independencia de España
en 1816. Pero luego estas islas le fueron arrebatadas
por los ingleses, tan buenos piratas de los mares.
En las islas Malvinas habitan unos mil ochocientos
habitantes, de los cuales unos trescientos son nacidos
en suelo británico. Allí la única
riqueza que se explota es la lana. El clima muy
frío, casi glacial, sólo facilita
la crianza de ovejas aunque se presume que allí
hay mucho petróleo, única explicación
que le veo a tan absurdo conflicto.
La junta militar argentina se ha jugado su buen
sofisma de distracción para los agudos problemas
–en especial de tipo económico–
que aquejan a este país. Otro problema son
los miles de personas que los militares han hecho
desaparecer después de la caída de
Isabel Perón.
El país argentino (aunque expresarlo así
significa hablar de mucha gente) escogió
para "invadir" las Malvinas, con el fin
de erradicar las pocas fuerzas inglesas que había,
un momento en que su economía está
en la bancarrota. ¿Soportará Argentina
el costo de esta guerra? Los analistas de política
internacional opinan que no. Fue la arrogancia de
la junta militar la que actuó como una cortina
de humo ante esta dura realidad y toma este conflicto
como si fuera un partido de fútbol. El nacionalismo
es peligroso en estos casos, siendo algo semejante
al fanatismo conque se está dispuesto a morir
por una causa que se considera justificada. En Argentina
todo el mundo quiere pelear
–por lo menos eso dicen los diarios–
contra los británicos. Hasta actrices de
cine. Una infanticida señora ofreció
a sus cinco hijos para que dieran la vida por unos
pedazos de tierra.
¿Y todo para qué?
Para favorecer las ambiciones imperialistas de la
Unión Soviética. En la guerra la gente
combate y da su vida no para el beneficio personal,
sino para el servicio de una clase dirigente que
no va al campo de batalla; simplemente mueve las
fichas del ajedrez. En la guerra ninguno de los
contendientes gana. Ambos pierden. Dicen que «El
tigre no es como lo pintan», pero la guerra
es mucho peor de lo que la pintan, como si no hubiese
suficientes palabras para describir todo lo que
allí sucede. Por lo visto, quienes están
en favor de este asunto saben poco lo que es la
guerra, sobre todo cuando podría tomar dimensiones
nucleares. En cambio los ingleses saben muy bien
lo que tal beligerancia significa, puesto que están
curtidos de experiencias en muchos conflictos, verbigracia
la primera y la segunda guerra mundial. Lo cierto
es que hasta el momento sólo hay un ganador
en esta guerra: la Unión Soviética,
a quien le gusta pescar en río revuelto.
Esta hostilidad también ha servido para que
Latinoamérica abra los ojos ante las fauces
de su vecino del norte. Mientras que Hispanoamérica |
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(se incluye a España que viene reclamando a Gibraltar)
se solidariza con el país de los gauchos, Estados
Unidos prefiere apoyar política, económica
y militarmente a su "madre" patria. Con semejante
espaldarazo se demuestra una vez más que en la
política no hay amigos sino la primacía
de los intereses de cada país. Quien hoy es enemigo,
mañana podrá ser el mejor aliado (si bien
habrá que preguntarse si en este caso existe una
verdadera alianza), como es el caso de Israel y Egipto.
Y quien hoy es un aliado mañana podrá ser
un furibundo enemigo, caso de los Estados Unidos y Rusia
que estuvieron de amigos en la segunda guerra mundial.
Pero esta cuestión del colonialismo sí que
es un anacronismo en pleno siglo XX. No por esto hay que
justificar la violencia como un medio para lograr la emancipación.
Mahatma Gandhi demostró que las ideas tienen más
poder que un proyectil cuando contribuyó, sin tirar
ni una sola piedra, a que la India se independizara de
Inglaterra, un país colonialista por excelencia.
De su lado, Colombia, que ha brillado por su tanática
expresión en el exterior, se decidió esta
vez por el Eros ante el conflicto anglo-argentino: dijo
en la OEA que no apoyará militarmente a la Argentina.
*
Albert Einstein le mandó una carta a Freud donde
le preguntó si es posible hacerle un escamoteo
a la guerra. Antes de referirme a la respuesta diré
que en la historia humana siempre hubo guerras, como si
se tratase de una maldición eterna. En su carta
Einstein hizo un interesante planteo: «¿Cómo
es posible que una minoría logre someter a sus
deseos a la masa del pueblo, que en una guerra sólo
tiene que perder y de qué sufrir?»
En su respuesta, Freud subrayó la desigual distribución
del poder entre los miembros de una comunidad y que las
leyes conceden escasos derechos a los subyugados, pues
son hechas por y para los dominantes. Y muestra su escepticismo
antes los alcances de la fuerza en la guerra cuando enuncia
que los logros de la conquista son por lo general poco
duraderos. Dada la escasa coherencia entre las partes
unidas por la fuerza, las nuevas unidades generalmente
vuelven a desintegrarse. Luego observó que las
guerras se pueden evitar si hay un convenio en establecer
un poder central al cual se le otorgara la solución
de todos los conflictos de intereses. La Liga de las Naciones
fue creada para tal fin. Pero no contó con un elemento
necesario: un poderío autónomo para hacer
cumplir los preceptos establecidos.
Freud se refirió también a un placer de
la agresión y del aniquilamiento en el ser humano.
Ante los horrores de la historia, parece como si las motivaciones
ideales fueran el pretexto para los ocasos destructivos.
Estos impulsos demoledores pertenecen a su naturaleza
y es una ilusión pretender eliminarlos. No por
ello dejó de plantear la posibilidad de desviar
tales tendencias de tal manera que no necesiten encontrar
su expresión en la guerra. Un medio indirecto para
combatir la discordia es el Eros: «Todo lo que establezca
vínculos afectivos entre los hombres debe actuar
contra la guerra», escribió.
Tales ligaduras son de dos clases: los lazos semejantes
a los que nos atan a los objetos de amor, si bien desprovistos
de fines sexuales. Y la identificación: todo lo
que establece importantes elementos comunes entre los
hombres despierta tales sentimientos de comunidad. Una
actitud cultural en la que prime la razón sobre
la pasión se hace necesaria. Todo lo que vaya a
favor de la cultura actúa contra la guerra, dijo
finalmente Freud en su carta de respuesta a Einstein.
Vietnam, Corea, el Medio Oriente, Irán, Checoslovaquia,
Polonia, Afganistán, Nicaragua, El Salvador, Cuba,
etcétera; han sido canchas de tenis en que juegan
los Estados Unidos y la Unión Soviética
en pos de sus propios intereses. Se podrá observar
que la Argentina constituye otra más de las canchas
de tenis. |
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