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NBuenos Aires desde Miami, USA
por María Valeria Correa»n
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Miami: ¿una metamorfosis que nunca acaba?
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Las playas de South Beach


Clevelander, Ocean Drive


Una vista de la calle 41
El recién llegado a Miami puede caer en la falacia de creer que con el transcurso del tiempo logrará dibujar el “identikit del miamense tipo”. Pronto descubrirá la verdad: nada es tan variable y cambiante como la población de esta meca multicultural.

Habrá quienes crean que vivir en Miami no puede diferir tanto de vivir en cualquier otra ciudad de América Latina; al fin y al cabo, Miami es la ciudad de Estados Unidos más influenciada por la cultura latina. Pero, ¿es posible obtener un patrón común en este salad bowl donde confluyen acentos y costumbres provenientes de Colombia, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Jamaica, Haití, México, Argentina y España?

Quizás la suerte de su destino cambiante estuvo echada desde un principio: desde su descubrimiento en 1513 por el conquistador español Ponce de León, la península de Florida fue objeto de disputas soberanas. En 1763 la península de Florida pasó a manos inglesas, luego de que Inglaterra la permutare al Reino de España por la ciudad de La Habana. Años más tarde, en 1783, Inglaterra le devolvió a España la península de Florida a cambio de las Islas de Bahamas. Luego de constantes disputas limítrofes entre España y los Estados Unidos, Estados Unidos adquirió la península de Florida en 1821. Para ese entonces, la península, ese ex gran pantano habitado sólo por mosquitos, tenía una población conformada por un 90% de extranjeros y sólo el 10% restante eran oriundos de la zona.

Y esta génesis multicultural y variable se mantuvo en el tiempo. Miami es una de las ciudades de Estados Unidos que más inmigrantes y refugiados políticos recibe por año. La primer gran ola inmigratoria tuvo lugar en 1959: el éxodo cubano luego de la asunción de Fidel Castro; la gran última ola de inmigratoria es de argentinos que, según guarismos no oficiales, alcanzarían los 100.000 en los últimos tres años.

Asimismo, Miami se ha convertido en la capital financiera y comercial de América Latina, en especial, para la industria discográfica. Como si esto no fuera suficiente, las playas, el clima, la infraestructura de la ciudad, la calidez y la tolerancia de sus habitantes la convierten en un destino más que atrayente para miles de turistas, algunos de los cuales, optan por hacer de Miami, su residencia invernal.

Para los que no aún no estén convencidos de esta permanente metamorfosis de la ciudad, sin hipérbole, les puedo afirmar que la
pregunta más frecuente por estos lados es Where are you from? (“¿De dónde sos?” O quizás debería traducirlo, “¿de dónde eres?”, cualquier traducción, cualquier acento con que se lea esta pregunta sería plausible en Miami).

Los ilegales, los exiliados devenidos en ciudadanos americanos, los ricos y famosos que compran en las exclusivas tiendas de Bal Harbour, los marginados y los homeless, los gays y las lesbianas que pasean por Lincoln Road, los yuppies del distrito financiero de Brickell Av., las modelos, los ciclistas y los roller skaters, los que sueñan –con o sin pastillas–, los que triunfan y los abogados que todo lo aprovechan porque nada se pierde, todo se transforma conviven en esta sociedad de palmeras y autopistas relucientes sin que sea posible delinear el identik del miamense estándar.

¿Acaso sea esa metamorfosis continua lo que vuelve a la ciudad tan atractiva? ¿Acaso sea imposible dibujar un miamense modelo porque la ciudad carece de modas o tendencias generalizadas, donde lo “correcto” o “incorrecto”, lo “supercool” o “unfashionable” debe ser analizado de acuerdo al grupo de pertenencia sociocultural? Por el momento, parafraseando al Duque de Mantua de la famosa ópera italiana Rigoletto, sólo una respuesta es posible “Miami è mobile, qual piuma al vento, muta d´acento e di pensiero”.
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