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NBuenos Aires desde Miami, USA
por María Valeria Correa»n
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Speaking la lengua loca
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Si caminando por las calles de Miami, un mendigo le pide una cuara, no se alarme. No se trata de ninguna proposición indecente, ni tampoco de un insulto. Una cuara es, en el más "puro" spanglish, una moneda de veinticinco centavos de dólar (a quarter). Puede que el cajero del supermercado le ofrezca deliberar sus grocerías. Si esto es para Ud. una propuesta inquietante, sepa que se trata nada más ni nada menos que del famoso servicio de reparto a domicilio (deliberar grocerías es la traducción al spanglish de deliver groceries). Si alguien le pide permiso para vacunar la carpeta, debería dejar de pisar la alfombra: la van a aspirar (del inglés, vacuum the carpet).

¿Sorprendido? Quizás no tanto si recuerda la letra de algún tango, de alguna copla popular o simplemente, algunos versos del Martín Fierro, otrora horrores para el sacrosanto castellano. Es que, en realidad, el castellano que hoy hablamos es el fruto de un largo proceso. Por más de un milenio, las diversas lenguas de los habitantes de la Península Ibérica se fueron modificando por influencia de los invasores romanos, godos y árabes. Luego, hacia el final del siglo XV, los reinos de Castilla y Aragón unidos extendieron su dominio sobre la mayor parte de la península y la lengua de Castilla –el castellano– se fue imponiendo sobre otros idiomas y dialectos.

Finalmente, el castellano logró cruzar el Atlántico en tres embarcaciones a vela en las espadas de los conquistadores y en la cruz de los misioneros. Ya en las Indias, y a más de quinientos años de su llegada, el idioma de la conquista fue adquiriendo tintes locales en cada uno de los países hispanoparlantes.

Estos apartamientos del "castellano puro" siempre han sido objeto de controversias como la ya famosa sostenida entre el Dr. Américo Castro y Jorge Luis Borges, en la que Borges defiende el particularismo lingüístico rioplatense y acusa a Castro, entre otras muchas cosas, de "atacar los idiotismos americanos porque los idiotismos españoles le gustan más". El spanglish, como era de esperarse, no ha quedado al margen de este tipo de discusiones. Entre sus mayores defensores se encuentra el mexicano Ilán Stavans, profesor del Armherst College de Nueva York, para quien "un idioma es un dialecto con un ejército detrás". Para sus detractores, el spanglish no es más que un renunciamiento, una capitulación del idioma español frente al inglés. En mi opinión, la proliferación del spanglish en los Estados Unidos es mucho más que eso: es la clara muestra de la marginalidad real o sentida por la comunidad hispana al norte del Río Bravo y, principalmente, un medio para captar un mercado enorme de hispanoparlantes que están tan ávidos de consumir como cualquier buen hijo de Bush. El spanglish es, en pocas palabras, un excelente negocio.

Este lenguaje dotado de signos provenientes de dos idiomas diferentes (el español y el inglés) está destinado a expresar ideas, a ayudar a los hablantes a comunicarse. Su génesis radica, generalmente, en una carencia de vocabulario en una de las partes intervinientes. Frente a la ignorancia de la palabra en español que designa al objeto específico, los hablantes toman la palabra en idioma inglés, la reforman, adaptan y la integran a este nuevo lenguaje. Algunas "estructuras" del spanglish tienen un origen diferente: muchos hispanos nacidos en Estados Unidos tienen una formación académica en inglés y aprenden español en sus casas a través de sus padres. Para esta generación, el español es un idioma de segunda categoría que revela un origen "espúreo". Para "jerarquizar" la lengua, para colocarla al mismo nivel que el inglés, emplean traducciones literales del inglés. Así, es común la frase llámame para atrás (call me back) en vez de llámame de nuevo o “¿Cómo puedo ayudarlo?" (trasposición literal del inglés How can I help you?), en lugar del más propio y natural "¿Qué desea?". Más graciosas aún resultan las construcciones en español a las cuales se le intentan aplicar la consabida political correctness norteamericana. Así es frecuente leer en los diarios en español que se editan en los Estados Unidos frases como "los abogados y las abogadas de tal firma legal" o "las niñas y los niños de tal escuela". Estas duplicaciones son innecesarias y, hasta me atrevo a decir, ridículas en un idioma como el español donde el simple plural "los niños" no contiene connotaciones sexistas ni discriminatorias.

Dejando de lado las defensas idiomáticas, lo que la mano invisible de Adam Smith no ha pasado por alto ni despreciado es la enorme rentabilidad que subyace en la comunidad hispana de Estados Unidos. Para captar este mercado, existen publicaciones y publicidades redactadas en spanglish, música cantada en spanglish como la famosa, "Living la vida loca" de Ricky Martin, y ahora, películas habladas en spanglish, como la película "Chasing papi" donde tres mujeres latinas se disputan a un galán como novio.

La universidad estadounidense, cuyo apetito por la exposición y la instrucción es omnívoro, tampoco se ha quedado atrás. Así es como han proliferado los diccionarios de spanglish y las conferencias, seminarios y estudios universitarios sobre esta cuestión. Hasta se anuncia la publicación del famoso Don Quijote de la Mancha en spanglish, cuyas primeras líneas dirían así: "In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase (...)". Y como los hispanos siguen emigrando –llegan a Estados Unidos en avión, en balsa, a pie, en camiones encerrados y hacinados para cruzar el desierto– y el mercado de hispanoparlantes sigue creciendo, el spanglish es y seguirá siendo un buen negocio.

¿Perdurará el spanglish en el tiempo? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que había una vez una época en que las capitales culturales del mundo hispánico eran Madrid y Barcelona, Buenos Aires y Ciudad de México. Hoy, esta realidad se ha transformado. A las ciudades mencionadas debemos añadir como referentes de la cultura hispánica a Miami, Nueva York y Los Ángeles. Por mi parte, espero que esta inclusión no implique la compra de un diccionario de spanglish para poder speakear esta lengua loca.
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