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NBuenos Aires desde Miami, USA
por María Valeria Correa»n
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Esperando a Iván.
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Imágenes de comercios
de Miami resguardados
por los shutters.
Había una vez, allá por el año 1953, un estreno en París de una obra teatral llamada “Esperando a Godot”. El escritor: un joven irlandés llamado Samuel Beckett. Para muchos, un desconocido. Para otros, el joven y brillante ex secretario de otro irlandés no menos genial, James Joyce. La obra calificada de horriblemente cómica por el propio autor narraba la angustiosa situación límite de dos seres, Vladimir y Estragon, cuyas vidas y grotesca solidaridad se forjaban en la espera absurda y vana de quién sabe qué o quién al que llamaban Godot.

Estragón: Vámonos.
Vladimir: No podemos.
Estragón: ¿Por qué?
Vladimir: Esperamos a Godot
Estragón: Es cierto.

A más de cincuenta años, un pronóstico, una amenaza, un huracán llamado Iván suscita una espera análoga a la de la ficción. Es que Iván, como su homónimo el zar ruso apodado “el terrible”, sólo ha dejado muertes y estragos a su paso.

Y se acerca a la Florida a paso rápido.

Los habitantes de esta península tan golpeada durante este año (primero fue el huracán Charley y luego, Frances) esperaban con fe un desvío en la trayectoria pero parece que el huracán no sabe leer los letreros de "Wrong way”, “Do not enter".

Y las autoridades ya ordenaron la evacuación de los cayos al sur de la Florida.

En Miami, la gente inició sus preparativos de emergencia. Las góndolas de agua y productos enlatados acusaron pronto las compras masivas. Es que en la Florida se tiene experiencia en estos temas. Con el huracán Andrew, la ciudad de Miami se quedó sin luz y sin agua durante días y la gente que lo padeció ha tomado la iniciativa frente a la hipotética embestida de Iván.

Y el éxodo de los cayos hacia la península de la Florida comenzó ayer.

Mientras tanto, Miami conserva sus altas temperaturas, su sol de verano, su olor a mar. Las palmeras peinadas como sauces llorones por la fuerza de los vientos de Frances son un signo ominoso de lo pasado y una advertencia de lo porvenir. Los negocios están cubiertos bajo el silencio de los shutters. Anuncian a pulso de aerosol: We’re open. Do come in.

Y hay miedo en el aire. Se volaron los flamencos; se volaron los turistas.

Los que aquí vivimos, esperamos. Todos queremos irnos; todos queremos quedarnos. Pero no, no nos vamos. Es que estamos esperando. Esperamos a Iván. Somos Vladimir; somos Estragón. La misma angustia, la misma penosa espera de ayer pesa hoy sobre nosotros.

Vladimir: ¿Qué? ¿Nos vamos?
Estragón: Vámonos.
(No se mueven). TELON

Sólo que esta vez la espera es real. No hay estreno, no hay actores, no hay escenario, no hay director ni autor, no hay puesta en escena. Esperamos a Iván: esperamos su desvío o al menos, su piedad. Esperamos.

Los shutters son unas placas de metal o madera que se colocan para cubrir las aberturas. El lector comprenderá que cualquier semejanza o similitud con la crisis bancaria argentina en la época del corralito es pura coincidencia.
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