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El
Parque del Dinosaurio, es uno de mis favoritos para llevar a mi hijo. No
es un placita común y corriente, como su nombre lo indica, tiene
un gran dinosaurio en el medio. Esta especie de estatua o monstruo, sirve
de diversión para un montón de chicos. Su cola es un largo
tobogán donde deslizarse. Por medio de una escalera se puede acceder
al interior, caminar por su vientre, y escaparse raudamente por un diminuto
juego de sogas. Desde su boca se puede ver la inmensidad del parque, y
desde sus colmillos cuelga una hamaca que hace las delicias de los chiquilines.
Hay otros juegos también, pero todos prefieren jugar con el monstruo.
Es
una buena idea para perder los miedos el jugar con los estereotipos, a
veces nos gusta catalogar a los animales o a las bestias con cualidades
demasiado humanas.
El domingo pasado, una abuela quería irse de la placita y no tuvo
mejor idea que decirle a su nieto, que era peligroso estar cerca de los
extranjeros, (léase mi hijo de dos años, mi esposa y yo).
Cuando mi esposa me lo tradujo, tuve una sensación extraña,
de perplejidad, de desazón, de desentendimiento.
Todo el mundo usó y usa estereotipos. De chicos nos hablaban del
Viejo de la Bolsa, o que nos llevarían los gitanos, cualquier cosa
servía para amedrentarnos. El tema era darse cuenta con el tiempo
que eso no era verdad, los prejuicios pueden transmitirse y expanderse
a los colores, las razas, las religiones o las ideologías. Nadie
quiere eso.
Hoy en Buenos Aires se queman banderas norteamericanas, parece que resumimos
todos nuestros males en un sólo demonio llamado Estados Unidos.
¡Y bueno, a alguien hay que culpar por nuestros propios errores!
No defiendo a los EEUU, lo conozco demasiado bien, la política exterior
y de expansión de aquel país, la hemos sufrido en carne propia
todos los países Latinoamericanos, y la seguiremos padeciendo por
algún tiempo más. Pero para que alguien entre a nuestra casa
a desordenarla o demolerla, alguno de nuestra familia tuvo que abrir la
puerta.
Es fácil culpar a un estereotipo. Es más difícil hacer
una autocrítica y aceptar las faltas propias.
Hoy en día se necesita más lucidez que nunca. No caer en
facilismos o populismos para decir Fulanito o Menganito tienen la culpa,
o peor, Sultanito o Politiquito tiene la fórmula mágica contra
todos los males de este mundo, incluidos los demonios extranjeros.
Por favor no despertemos fobias contra propios y ajenos.
Ya nos pasó una vez, no nos olvidemos, seríamos un país
desaparecido otra vez.
Si queremos buscar modelos buenos y estereotipos exitosos, nos conviene
recordar que Argentina tiene una idiosincracia demasiado particular. Toda
idea debe ser expuesta, debe ser votada sin caer en obsecuencia ni en la
feroz crítica destructiva, y aceptar que hay que mirar hacia adentro,
para después mirar hacia afuera.
¿Recuerda la oración que dice: "Señor cuídame
de mis amigos que de mis enemigos me cuido solo"? Hay demasiados traidores
al pueblo en nuestro país, aquellos que vendieron nuestras ilusiones
y esperanzas en beneficio propio y de otros. Y ésos no están
vestidos de barras y estrellas, sino que nos venden un panorama y un nuevo
culpable. Yo ya no lo creo más.
Me duele ver fotos de Buenos Aires con manifestaciones, banderas quemadas,
muertes y violencia de todo tipo. Lástima que nuestra bronca no
está dirigida hacia los reales culpables, todo se está convirtiendo
en una guerra de pobres contra pobres, por que seguimos comprando estereotipos.
No nos confundamos y no dejemos que nos confundan, tenemos fantasmas que
nos rodean, algunos externos y otros internos, los que debemos exorcizar
primero, son los de nuestra propia casa, cuando no haya fantasmas internos,
automáticamente los externos desaparecerán. Se lo garantizo.
El dinosaurio sigue ahí, en la placita haciendo delicias de los
chicos. Ellos no saben de estereotipos. Lo disfrutan por que no tienen
miedo. Nosotros no debemos temer tampoco.
Kombanwa (Buenas Noches).
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