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NBuenos Aires desde Nigata, Japón
por Fernando Olszanski»n
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Los malditos estereotipos.
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El Parque del Dinosaurio, es uno de mis favoritos para llevar a mi hijo. No es un placita común y corriente, como su nombre lo indica, tiene un gran dinosaurio en el medio. Esta especie de estatua o monstruo, sirve de diversión para un montón de chicos. Su cola es un largo tobogán donde deslizarse. Por medio de una escalera se puede acceder al interior, caminar por su vientre, y escaparse raudamente por un diminuto juego de sogas. Desde su boca se puede ver la inmensidad del parque, y desde sus colmillos cuelga una hamaca que hace las delicias de los chiquilines. Hay otros juegos también, pero todos prefieren jugar con el monstruo.

Es una buena idea para perder los miedos el jugar con los estereotipos, a veces nos gusta catalogar a los animales o a las bestias con cualidades demasiado humanas.

El domingo pasado, una abuela quería irse de la placita y no tuvo mejor idea que decirle a su nieto, que era peligroso estar cerca de los extranjeros, (léase mi hijo de dos años, mi esposa y yo). Cuando mi esposa me lo tradujo, tuve una sensación extraña, de perplejidad, de desazón, de desentendimiento.
Todo el mundo usó y usa estereotipos. De chicos nos hablaban del Viejo de la Bolsa, o que nos llevarían los gitanos, cualquier cosa servía para amedrentarnos. El tema era darse cuenta con el tiempo que eso no era verdad, los prejuicios pueden transmitirse y expanderse a los colores, las razas, las religiones o las ideologías. Nadie quiere eso.

Hoy en Buenos Aires se queman banderas norteamericanas, parece que resumimos todos nuestros males en un sólo demonio llamado Estados Unidos. ¡Y bueno, a alguien hay que culpar por nuestros propios errores! No defiendo a los EEUU, lo conozco demasiado bien, la política exterior y de expansión de aquel país, la hemos sufrido en carne propia todos los países Latinoamericanos, y la seguiremos padeciendo por algún tiempo más. Pero para que alguien entre a nuestra casa a desordenarla o demolerla, alguno de nuestra familia tuvo que abrir la puerta.

Es fácil culpar a un estereotipo. Es más difícil hacer una autocrítica y aceptar las faltas propias.
Hoy en día se necesita más lucidez que nunca. No caer en facilismos o populismos para decir Fulanito o Menganito tienen la culpa, o peor, Sultanito o Politiquito tiene la fórmula mágica contra todos los males de este mundo, incluidos los demonios extranjeros.
Por favor no despertemos fobias contra propios y ajenos.
Ya nos pasó una vez, no nos olvidemos, seríamos un país desaparecido otra vez.

Si queremos buscar modelos buenos y estereotipos exitosos, nos conviene recordar que Argentina tiene una idiosincracia demasiado particular. Toda idea debe ser expuesta, debe ser votada sin caer en obsecuencia ni en la feroz crítica destructiva, y aceptar que hay que mirar hacia adentro, para después mirar hacia afuera.

¿Recuerda la oración que dice: "Señor cuídame de mis amigos que de mis enemigos me cuido solo"? Hay demasiados traidores al pueblo en nuestro país, aquellos que vendieron nuestras ilusiones y esperanzas en beneficio propio y de otros. Y ésos no están vestidos de barras y estrellas, sino que nos venden un panorama y un nuevo culpable. Yo ya no lo creo más.

Me duele ver fotos de Buenos Aires con manifestaciones, banderas quemadas, muertes y violencia de todo tipo. Lástima que nuestra bronca no está dirigida hacia los reales culpables, todo se está convirtiendo en una guerra de pobres contra pobres, por que seguimos comprando estereotipos.
No nos confundamos y no dejemos que nos confundan, tenemos fantasmas que nos rodean, algunos externos y otros internos, los que debemos exorcizar primero, son los de nuestra propia casa, cuando no haya fantasmas internos, automáticamente los externos desaparecerán. Se lo garantizo.

El dinosaurio sigue ahí, en la placita haciendo delicias de los chicos. Ellos no saben de estereotipos. Lo disfrutan por que no tienen miedo. Nosotros no debemos temer tampoco.

Kombanwa (Buenas Noches).

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