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NBuenos
Aires desde Nigata, Japón |
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| Conceptos
de belleza. |
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Por
supuesto que lo bello no es bello en todas partes del mundo, los conceptos
son los que determinan los parámetros a usar al medir la belleza
de algo. En general, en el mundo occidental, lo bello tiene que ver con
lo permanente, con aquello sofisticado que resiste los embates del tiempo
y muestra su fuerza a lo largo de los años, lo perfecto por así
decirlo. En Japón, esas cosas gustan, pero los conceptos son algo
diferentes.
Bello en Japón es considerado aquello que tiene la facultad de
cambiar. Como las estaciones del año, no se las admira por que
traen vida en primavera, buen clima en el verano, nieve en invierno,
o colores espectaculares durante el otoño. Se las espera por que
tiene vida corta, entonces se las disfruta al máximo por que serán
efímeras a las sensaciones. Aquí se celebran los florecimientos
de los árboles, ciruelos, durazneros y por supuesto el símbolo
de Japón, el Sakura, una especie de flor de cerezo que tiñe
de blanco todos los parques y calles, además de dictar que un
nuevo año comienza para los japoneses. Se los celebra por que
son sólo por poco tiempo, escasos días, y habrá
que esperar otro año para poder verlo de nuevo.
En general lo bello esta relacionado con la naturaleza, el canto de los
insectos es considerado bello y por tal se los cría en las casas
japonesas con el sólo fin de que canten durante las tardes del
verano, se los alimenta con frutas y azúcar en una pecera plástica.
En invierno los insectos morirán y habrá que esperar hasta
el otro verano para escucharlos. |
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Otra cosa que gusta a los japoneses son los diagramas que los insectos (gusanos,
termitas, etc.) "dibujan" al comer una madera. Se cultivan insectos
en paneles de madera para que éstos practiquen su arte. Si alguno
de los paneles tuviera algún dibujo que no guste es rápidamente
descartado y se empieza con un nuevo cultivo.
Todo en general tiene una regla de armonía con lo natural, jardines,
casas, el hecho de la relación del japonés con el mar, y los
rituales de agradecimiento para la comida, la siembra, la cosecha o la vida
diaria.
Pero a no confundirse, si bien lo que le digo suena muy lindo, algunas cosas
alteran los nervios, como por ejemplo la sociedad oriental tratando de adaptarse
a la cultura occidental y malentendiendo los mensajes, pero eso se lo cuento
en la próxima nota.
Siempre estuve seguro de la belleza de Buenos Aires, y no creo que la ciudad
haya cambiado mucho en los últimos años. Los edificios ahí
están, las plazas siguen en los mismo lugares, los cafecitos más
que más, siguen sirviendo ese no se qué tan nuestro. El paisaje
físico al menos no ha cambiado. ¿Pero que hay del paisaje
humano? Por que Buenos Aires no está en los edificios, ni en las
plazas, ni en los mundanos bares; Buenos Aires es su gente, y lamentablemente
ese paisaje sí está cambiando. El tiempo nos dirá,
cuan fuerte ha sido el cimbronazo, cuan hondas serán las secuelas
de la crisis. Ojalá, a pesar del maquillaje corrido, de las túnicas
salpicadas de barro, de las manchas de olvido que aparecen de vez en cuando,
Buenos Aires vuelva a ser aquella que supo ser. La musa, la intelectual
del café, la de la solidaridad sin prejuicios.
No cambiemos la ciudad, no rifemos el orgullo de ser quienes somos, depende
de nosotros. Y eso es bello.
Gambatte! (¡Buena suerte!) |
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