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BUENOS AIRES DESDE EL MUNDO
PEÑUELAS, Puerto Rico
por Wilmer Colón Echevarría
wilmercolon@hotmail.com
Amor a primera vista, un encuentro
entre Puerto Rico y Argentina
 
¡Saludos amigos! Como les prometí en la columna pasada, les compartiré sobre mis experiencias en encuentros culturales con personalidades argentinas.
 
Pintura relacionada a la tradición puertorriqueña de la devoción religiosa a los Reyes Magos.
Obra: Los tres y los tres, autor: Wilmer Colón (Tríptico, acrílico sobre lienzo)
 
Era el año de 1997 cuando visité San Felipe de Chile para participar del Segundo Encuentro de Escritores Iberoamericanos. La tarde se fue tornando fría a medida que nos acercábamos a la ciudad que serviría, junto a La Ligua, de escenario para este encuentro de voluntades, pueblos y musas, pero esa sensación de frialdad era compensada con el calor humano de los anfitriones y de los nuevos amigos que iba encontrando a mi paso, entre ellos al prolífico escritor español Juan Delgado López y al, también excelente escritor y editor de la revista Exégesis, el puertorriqueño Marcos Reyes Dávila.
Llegamos a la ciudad y nos dirigieron al Club Árabe, un acogedor restaurante en el que ya se encontraban algunos de los invitados. Los saludos y el vino no se hicieron esperar, pero de manera particular me llamó la atención la familiaridad con que nos recibieron, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo... a veces creo que la vida nos había hermanado antes.
"Siéntate a mi lado, muchacho", me dijo aquel hombre de tez, barba y pelo blanco, en claro contraste a mi piel tostada por el Caribe; su voz fuerte, dominante, pero llena de cariño y amistad, su acento... "inconfundible" (pensé), era argentino. "¿Cómo te llamas?", me preguntó mientras echaba sus brazos sobre mis hombros; yo, un poco tímido le contesté... Él me respondió antes de que le preguntara: "Soy Oscar Sosa Ríos, escritor argentino..." Rápidamente me presentó a su amada, inteligente y siempre sonriente esposa, luego hablamos extensamente sobre mi país, motivado por sus múltiples preguntas nacidas del interés de visitarnos.
Pasaron las horas entre saludos con los que seguían llegando, vino y sabrosa comida. Llegó el momento de retirarnos al hotel y Oscar me dijo, "¡Muchacho puertorriqueño!, allá afuera está muy frío para ti, solo estás acostumbrado al calor de tu tierra caribeña, ven conmigo..." Acto seguido me acurrucó entre sus brazos y me cubrió con su abrigo y así me acompañó hasta la hospedería, cantándome nanas. Este gesto selló nuestra amistad y resultó en la visita, por veinte intensos días de este poeta y su esposa Marité a nuestra Isla del Encanto.
Llegaron en enero, coincidiendo con las celebraciones populares dedicadas a la figura de los tres Santos Reyes que se supone llevaron presentes al Niñito Jesús. El pueblo montañoso de Maricao, específicamente las facilidades de la preciosa hospedería Hacienda Juanita, fue el lugar que recibió a este escritor y locutor radial, conductor del programa Arte libre. Allí disfrutamos del ambiente campesino del área central de la isla de Puerto Rico, mientras observamos el desarrollo de las "Promesas cantadas a los Reyes Magos", al día siguiente nos dirigimos hacia Peñuelas, mi pueblo natal, ubicado en el área sur del país. Cabe señalar que la extensión territorial de Puerto Rico permite el desplazamiento de una región a otra en cuestión de horas y a veces en sólo minutos.
Los días transcurrieron involucrados en una serie de actividades, entre ellas, presentaciones literarias y tertulias con escritores, músicos y pintores del patio.
Como siempre, cada encuentro llega a su fin, pero las lágrimas de la despedida no borraron el amor y la hermandad que se generaron durante esos días.
Todavía la gente de mi pueblo me preguntan por "el Ché", todavía la gente recuerda sus ocurrencias y su asombro ante algunas costumbres de mi tierra, todavía la gente recuerda las noches de bohemia y fraternidad...
Durante el tiempo en que este hermano argentino estuvo en nuestra tierra, conoció a una ancianita que la historia oral dice que cuando era joven perdió a su niña ahogada en el río que distingue a mi pueblo de Peñuelas, el río Guayanés; se dice, que desde ese día ella se separó de la realidad y vive deambulando por la ribera del río, buscando al retoño perdido. Al conocer esta historia, Oscar Sosa Ríos escribió los sencillos, pero significativos versos que reproducimos a continuación y que publicó en su libro María Luz y Sombra:
La Clemen
A la Clemen de Peñuelas
Puerto Rico, enero 1998
El agua parió una niña
por el río Guayanés
su madre lavó la ropa
y ese día se le fue.

Río abajo, muerte arriba
flor, palmera y esta vez
la correntada llevaba
un pedazo de su piel.

A las seis de la mañana
todos los días del mes
la Clemen lava su cuerpo
y el camino de sus pies.

Lava a la niña del río
con lágrimas de mujer
y acaricia el agua pura
con el regazo de ayer.

Oye su pequeño llanto
que en la mañana a las seis
está durmiendo en sus brazos
por el río Guayanés.
 
Esto es, mis amigos, todo por ahora. En la próxima ocasión estaré contándoles cuando fuimos azotados por un huracán y cómo una buena amiga argentina intercedió por familias damnificadas a través de su talento teatral.

¡Hasta la próxima!
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2001, El Muro Cultural