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NBuenos Aires desde Río de Janeiro, Brasil
por Andrea Santos»n
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A los altos candelabros de las plazas, clamamos libertad.
A un gran amigo Juan C. Aguilar
Traducción de la columna: Andrea Santos.
Traducción de los poemas: Renata Carneiro de Holanda.
Versión Portugués»
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Candelaria


Madres de Plaza de Mayo


Mujeres
El alba surgía y con ella el sol en su máximo esplendor, la ciudad empieza a despertarse ahuyentando cualquier vestigio de la madrugada. Rio de Janeiro es el deseo contenido, una voz de amor, un espectador de los eventos. ¿Ella, la ciudad, es nuestra madre? ¡Recordando a la madre, tenemos símiles madres y plazas!
Nuestras madres -las de la Candelaria- son un movimiento maternal que como las otras madres de la Plaza de Mayo, dan sentido a reiteraciones que parecen enseñarnos como cambiar la repetición y la rutina en acciones de transformación. Entonces, a nosotros, nos es restituida la confianza desprendida por estas genitoras que se encuentran un cierto día de la semana para clamar por la vuelta de sus hijos y sobre todo de la libertad perdida en las casas, en las plazas, en la ciudad que nos es madre.
Ellas representan el gran ideal de familia, un haber con igualdad de justicia como finalidad. En la plaza de la Candelaria o de Mayo, son obreras de la esperanza:

A la boca pequeña

En la boca de mi madre: palabras
Cosas de puro sentimiento.
En la casa de mi madre: pretexto
Que nos rodea.
A todo su pensamiento
De la entrada a la salida.
En la boca de mi madre: esta mi alma.


Y observando estas madres cariocas y argentinas, tengo el presentimiento que después del parto ellas se transmutan, incluso en el propio juramento ante el sacerdote. Las Madres Baires-Cariocas no pronuncian nada, aun así, nos prometen fidelidad en la felicidad y en las adversidades. ¡Su amor no acaba, no se congela y no hay ninguna justificación, se siente!
Las mías buscan justicia por los chicos asesinados por policías civiles, mientras ellos dormían en la plaza, y agregan a esta tarea la búsqueda de quién se ha perdido durante el día. En mi plaza, la bala sonó más que el cobre de la campana. Es dolor de muchachos cobrando confianza ante la majestuosa catedral, donde muchas veces sirvió como abrigo a la soledad de sus destinos o a sus sueños de chicos. Mi plaza pasó a ser una estampa de Brasil doblándose a los badajos sordos y mudos de la miseria de este pueblo. Las de Baires, exigen el enjuiciamiento de sus abominables gobernadores, una reivindicación a aquellos desvalidos. Ellas recrean a cada encuentro una nueva manera de lucha por la dignidad, desarrollando servicios para la comunidad, a mi literatura y al pueblo de un modo general.
Representar la grandeza, la posibilidad para el futuro, la perspectiva de mudanza, el nacer de nuevos ciudadanos que guardan en la memoria la desaparición de sus hijos, solamente, en la conciencia: es un episodio histórico de sublime representación popular.
¿En este nuevo enredo, no traigo nada nuevo, todavía, hay algo de nuevo entre el cielo y la tierra que ni Hamlet ni tampoco Fukuyama consiguieron confabular? Quizás sí o no. Todavía, simbolizar la historia, en esta representación maternal, es testificar nuestra cotidianeidad donde sufrimos de una similar iconoclasia a pesar de la quilométrica distancia.
Traer las plazas maternales es el fruto de esta caminata homogénea de las familias quebradas por civiles, militares y hombres de poder. Con una cierta angustia muy conocida, intento escribir con el alma, perdiéndome tranquilamente en los pensamientos. Agradezco a las madres de la Candelaria y de Mayo por la inteligencia, coraje, fuerza y simplemente por requerir la vida por la vida.

La plaza del alma vive sus traumas

Hijos perdidos, muertos,
Madres dieron cielos, sienten la hiel

Escapes diarios,
Imágenes mudas
Estatuas esculpidas
Restos existencias
Vidas delictivas.

Lucha vana
Madres, mujeres, clanes.

Sociedad de la masa
Perceptible a las farsas
Hojas caídas a la tierra
Cuerpos humanos en vano.

Plaza del alma sentimiento mudo
Lecho del manifiesto
Las madres de las plazas y sus gestos.

Los hijos, las madres, de la muerte.
El alma y la suerte
La búsqueda incesante.

Los hijos, las madres, la muerte.
El sortilegio de la vida
Los hijos, las madres, en la muerte.
En espejo del alma.


La vida es bella. Dulce. Es poesía. Nuestras madres tienen un largo y tortuoso camino para enfrentar, pero sus banderas están poniéndose de pie, aquí y allí. Siempre están delante de la dignidad humana, porque la vida también se hace de utopía. Y como poesía, son himnos, unidas en fraternidades.
La fuga, la pasividad y amnesia hacen perder la prudencia y el rumbo, castigando nuestros sueños y agrediendo la inteligencia, ellas deben ser enterradas. La conexión maternal entre Rio y Buenos Aires es más una simbología de las personas latinoamericanas, representa a la humanidad, la inmensidad de un futuro en nuestras casas, estas genitoras son modelos.
En sus deseos por la verdad no hay plomo, sólo piden justicia. Esta generación castrada por las manos dañinas sale a las calles sin la bestialidad practicada de otrora. ¡Sus corazones ya sienten, en la mayoría, la pérdida, el corazón de madre avisa!
He aquí, que mi atención en esta columna se había despertado por una plaza solitaria la cual recuerda el fusil; tristeza que siento sin fronteras. Las madres en las plazas son flamas buscando su cría y clamando acción contra la terrible tortura, todavía, con la ética y la nobleza que solamente estas fuentes generadoras saben tener.

Entre paredes

Tu que cruzabas mi cuarto
Colgándolo sobre mi vida,
O en las hojas de mis libros;
Quizá de mis pensamientos.
En este corazón corrías a la noche
Con la gloria o el miedo
En las dicciones desarrumadas en mí.
No obstante, cruzabas a la noche
La sombra de la luz que me perseguía en sueños
Eras el amparo.
Mas como tu perfume no tiene igual
No la busco más en mi última morada.


El poema La plaza del alma vive sus traumas pertenece a Renata Carneiro de Holanda, poeta y profesora de la Asociación de Profesores de la Lengua Hispánica.

Los poemas A la boca pequeña y Entre paredes pertenecen a Andrea Santos
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