
Obra de
León Ferrari
Obra de
Sebastião Salgado |
La
obra del autodidacta León Ferrari, en especial
los collages y sus reflexiones acerca de la condición
existencial del ser absurdo en sus muestras personales,
ha sido escasamente observada y considerando su
importancia por el abanico de posibilidades de ser
abordada desde múltiples perspectivas, me
ha planteado analizar la figura de la religión
en correlación al bestiario con que éste
percibe el mundo y sus acontecimientos.
Este hombre autodidacta escindido desde su abismo
existencial, necesita desvalorizar la institución
religiosa, por medio de un bestiario que nada tiene
que ver con las metamorfosis de humanos en animales
fabulosos, místicos, protectores y guardadores
de los tesoros y los afectos; sino más bien
como una necesidad vital de olvido del posible abandono
afectivo: carencia-ausencia, que en realidad se
traduce por una lúcida conciencia trágica
de la disolución del ser, de la institución
religiosa, disoluciones que parecen marcar también
todo su arte.
Interésame poner en relevancia los procesos
artístico-textuales que configuran una estética
de la obra de Ferrari y la forma como esta dialoga
con propuestas similares de otras obras. De esta
manera, podemos insertarla en el panorama estético
de la modernidad tal como se ha manifestado en Argentina
y en América Latina, y ponerla a dialogar
con obras que en mí país y en el continente
desarrollan propuestas análogas, como es
el caso de algunos collages de Floriano Martins
(brasilero) y las fotografías de Sebastião
Salgado (brasilero).
Los collages forman parte de una obra no muy extensa
pero que expresa rasgos estéticos inusitados
para su época. Mantiene su vigencia hoy día
dada su particular inserción dentro de la
modernidad artística, aunque no haya tenido
la suficiente valoración que merece, por
lo que podemos inscribirla en esa tradición
de los olvidados; y además podemos referirnos
a la obra ferrariana como un lirismo atormentado
que deviene siniestramente envenenado en la lucha
por lo real, por la justicia. Cuenta, por demás,
con suficientes razones para su inserción
dentro de la modernidad artística; dado el
reconocimiento a esa creatividad innovadora que
parte de una tradición trágica, como
reflejo de la sociedad argentina que la genera.
Sin duda, la obra ferrariana “La civilización
Occidental y Cristiana” (1965) participa de
la estética de la modernidad que acoge en
su seno a la fealdad, lo ominoso, la abyección,
la fragmentación de la narratividad, como
vías para reflejar la escisión de
la iglesia, su descentramiento, su disolución;
el fin de la institución religiosa como eje
y centro del mundo.
Produciendo, ahora, una intertextualidad, podemos
decir de la misma manera que las obras de León
Ferrari, Floriano Martins y las fotografías
de Sebastião Salgado se insertan a la perfección
dentro de las propuestas estéticas de los
grupos que renuevan la noción de la estética
clásica y la conciencia artística.
En las artes de el argentino y de los brasileros,
el trabajo poético del lenguaje pareciera
estar alejado de las posibilidades de alguna historia.
Sin embargo, hay una continuidad narrativa, aunque
dispersa o fragmentada, perfectamente localizable
a través de ciertos enunciados que la van
develando.
El
lenguaje es utilizado como ámbito, como
campanas de resonancias (de pura metamorfosis)
para hacer con la tela de la sensibilidad: el
mundo, el otro mundo.
Veo: el otro mundo redimensionado a través
de ese lenguaje. Poder del lenguaje que opone
y ofrece la posibilidad de un sentido desatado,
en constante metamorfosis, y cuya más alta
concreción es la figura (o la metáfora).
Un ejemplo evidente de la retórica del
lenguaje con un fin metamórfico del otro
sentido más que simple lirismo que ambienta,
es la forma como ellos expresan la escritura como
reescritura. En caso de la fotografía de
Sebastião Salgado, la imagen es una re-imagen.
En los tres, la manera en que expresa el fracaso,
la pobreza del espíritu, la violencia humana
de hombre contra hombre, sin que olvidemos: aunque
podemos encontrarla en la violencia sagrada.
Por fin, en ese bestiario metafórico, cual
máscara para el teatro que es la vida,
se revela en su particular metamorfosis el otro
sentido. Trae la declaración de los Derechos
del Hombre, trae nuestra civilización presenciando
la fragmentación de la iglesia: las jerarquías
eclesiásticas pierden poder y el número
de sacerdotes de la iglesia católica diminuye.
A grande rasgos podemos decir que las obras de
esos latinoamericanos, tratan de la reconstrucción
de la historia de la América Latina y del
universo humano, desde la visión existencial
del absurdo, como una manera de ser, de estar-en-el-mundo;
y desde el recuerdo y la mirada, no lo único
ni la detentadora de la verdad en el arte.
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