| Soy, de
las que disfruta de las tonalidades, los matices y me dejo abrazar
por idea como ésta, cuando me convocara Daniel Andina,
a escribir para el Portal, es cierto que cientos de sinfonías
se amontonaron en la cabeza , en realidad es que desde mi modesto
quehacer, por qué no, es importante compartir vivencias
y hacer volar los trazos desde las mismas fibras que nos unen,
aunque hay momentos en que también nos cuesta acoplar
tantas y mantener la coherencia. |
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San
Telmo, Buenos Aires |
Sí,
disfruto también las sonoridades, absorbo los amarillos,
los verdes y azules, como relajando mis pupilas, fortaleciendo
el alma por el verdor contrastante de las montañas
en mañanas soleadas, frente al intenso azul del
cielo que tiende a confundirse
con el mar. Los olores de la gente y de las calles me
penetran como lluvia fresca, paladeo el jactancioso amorío
de los barrios, que llegan como vibraciones exhalando
ternuras infinitas. |
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Así,
desde el pensamiento relajado, confluyen imágenes diversas.
Aquí, o allá, sin dudas vivo dando gracias a
la vida por nuestras raíces y un clamor satisfecho
por
lo que nos dejaron nuestros negros, además de sus sentimientos.
He cerrado
los ojos y el fino viento me empuja, mis pies se deslizan
por calles empedradas, corredores, construcciones coloniales,
callejuelas y callejones, puedo sentir el ruido de coches
tirados por caballos, puedo ver en autos, los últimos
modelos, sillas o taburetes en algunas aceras de cualquier
calle, no he vislumbrado hombre alguno sentado frente a una
mesa jugando al dominó, tampoco en un rinconcito del
sitio la ocurrente botella de Ron... Pudiera ser más
de las seis de la tarde, la noche se empecina en llegar para
la cita al toque de arrolladores bombos que se me confunden
con tambores, campanas, corneta china, colores y más
colores mezclados con el torbellino humano que al compás
de la música hace danzar la sangre en las calles empedradas.
Los huelo, lo veo todo, son fuertes los latidos.
No es
precisamente un paisaje de mi ciudad, la más caribeña
de Cuba, esa, la que dio origen al son, al bolero y donde
las congas son oleadas humanas, esta vez, donde no asoma el
mar, ni aparecen sus calles empinadas, no, no es Santiago
de Cuba, tampoco La Habana Vieja, se trata de San Telmo, y
que me ha trasladado a ellas por esas complicidades que tienen
desde sus adentros nuestros pueblos.
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