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BUENOS AIRES DESDE EL MUNDO
SANTIAGO DE CUBA, Cuba
por Juanita Pochet Cala
juanimail@yahoo.com.ar
Las callecitas de Buenos Aires tienen un...
no sé qué...
 
Soy, de las que disfruta de las tonalidades, los matices y me dejo abrazar por idea como ésta, cuando me convocara Daniel Andina, a escribir para el Portal, es cierto que cientos de sinfonías se amontonaron en la cabeza , en realidad es que desde mi modesto quehacer, por qué no, es importante compartir vivencias y hacer volar los trazos desde las mismas fibras que nos unen, aunque hay momentos en que también nos cuesta acoplar tantas y mantener la coherencia.
   

San Telmo, Buenos Aires
Sí, disfruto también las sonoridades, absorbo los amarillos, los verdes y azules, como relajando mis pupilas, fortaleciendo el alma por el verdor contrastante de las montañas en mañanas soleadas, frente al intenso azul del cielo que tiende a confundirse con el mar. Los olores de la gente y de las calles me penetran como lluvia fresca, paladeo el jactancioso amorío de los barrios, que llegan como vibraciones exhalando ternuras infinitas.
   
 

Así, desde el pensamiento relajado, confluyen imágenes diversas. Aquí, o allá, sin dudas vivo dando gracias a la vida por nuestras raíces y un clamor satisfecho por
lo que nos dejaron nuestros negros, además de sus sentimientos.

He cerrado los ojos y el fino viento me empuja, mis pies se deslizan por calles empedradas, corredores, construcciones coloniales, callejuelas y callejones, puedo sentir el ruido de coches tirados por caballos, puedo ver en autos, los últimos modelos, sillas o taburetes en algunas aceras de cualquier calle, no he vislumbrado hombre alguno sentado frente a una mesa jugando al dominó, tampoco en un rinconcito del sitio la ocurrente botella de Ron... Pudiera ser más de las seis de la tarde, la noche se empecina en llegar para la cita al toque de arrolladores bombos que se me confunden con tambores, campanas, corneta china, colores y más colores mezclados con el torbellino humano que al compás de la música hace danzar la sangre en las calles empedradas. Los huelo, lo veo todo, son fuertes los latidos.

No es precisamente un paisaje de mi ciudad, la más caribeña de Cuba, esa, la que dio origen al son, al bolero y donde las congas son oleadas humanas, esta vez, donde no asoma el mar, ni aparecen sus calles empinadas, no, no es Santiago de Cuba, tampoco La Habana Vieja, se trata de San Telmo, y que me ha trasladado a ellas por esas complicidades que tienen desde sus adentros nuestros pueblos.

 
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2001, El Muro Cultural