|
Existen circunstancias
que no pueden ni deben ser desaprovechadas, y ello depende del placer que
nos ofrezca y de lo que seamos capaces de disfrutar.
Todos los pueblos tienen su magia, un cierto sabor a misterio que cuando
curiosos o no por descubrirlo empiezas como a ser parte de ello.
Tengo los ojos colmados por imágenes múltiples que aún
no sé cómo hacer para que el corazón no palpite con
tanta fuerza, y es que cuesta acallar la sangre, cuando acabas de asistir
a la fiesta de la sangre con los hermanos, en el placentero ritual de la
Pachamama.
Buenos Aires
ha quedado atrás, las largas horas encima de la guagua, (micro)
apenas se sintieron, lo cierto es que con los fuertes rayos del Tata Inti,
nos acercamos a Salta, y sí que es "La Linda", mi contentura
no tenía límites porque sabía que después iríamos
a Jujuy y finalmente al regreso, a Tucumán, que conocería
a sus pobladores y que indudablemente, iba a tener un punto de contacto
con nuestras raíces y con nuestra historia, raíces e historia
tan común entre nuestros pueblos.
De sorpresa en sorpresa los minutos me conducen; y yo, desde el teclado,
vuelvo a esos parajes, y quisiera compartir estas vivencias con este sabor
a caña fresca en los labios, traída por el viento norteño
y con esa misma humildad que nos legaran nuestros ancestros, despojados
de todo egoísmo.
Salta fue
un punto de anclaje, no bastó el tiempo como para conocer más,
pero pudimos recorrer sus calles anchas y angostas, empedradas, edificaciones
coloniales de estilo morisco, amplios corredores externos y patios internos
y asombro para mí, ¡Tinajones!, es como si estuviera caminando
por el centro de Holguín, de Camagüey, o algunas de las calles
de la Habana Vieja, como si se conjugaran algunos que otros poblados de
mi isla.
Caminar y caminar sin que nada fuera indiferente, como si estuviera en
casa.
La Catedral
conserva las imágenes del Señor y de la virgen del Milagro,
el convento de San Bernardo, una de las construcciones más antiguas
de Salta mantiene sus paredes silenciosas, como si temieran a los ojos
del visitante, el Cabildo, la Iglesia San Francisco de Asís, cuya
cúpula y campanario sobresalen llamando la atención e invitando
a su entrada. Las peñas, algo tan importante como la artesanía
o la pintura, son meras provocaciones, una del brazo de la otra como para
que la música no escape y estalle cada noche el grito alegre de
su gente, con el folclore a campanadas silvestre engalanando la calle Balcarce,
enlazadas de una mano y otra, muestran ese quehacer popular que no deja
morir sus raíces. Una noche de peña, es como alargar la vida
o encontrar sencillamente parte de la riqueza de la misma existencia.
Campo Quijano, Quebrada del Toro, y Los Altos de San Lorenzo dan otro tono
distintivo a esta ciudad.
Precordilleras,
quebradas, cerros y más cerros multicolores, ríos que guardan
historias milenarias.
Salimos de Salta rumbo a San Salvador de Jujuy, pero no entramos a la ciudad
capital, a unos sesenta y cinco kilómetros y pasando por el valle
de Siancas y Valle Grande llegamos a Purmamarca, a dos mil ciento noventa
y dos metros sobre el nivel del mar, primer pueblo camino a la quebrada
de Humahuaca, donde distinguimos el cerro de los siete colores. En verdad,
es un pueblito pequeño, de calles muy angostas y piso de tierra,
la iglesia cuya patrona es Santa Rosa de Lima. Purmamarca es como un paisaje
detenido en el tiempo, casas sencillas y humildes, con paredes de adobes,
techados de paja, puertas y ventanas de cardón. Observo a cada hombre,
a cada uno de esos rostros y una triste melodía me vibra desde adentro
ante tanta quietud.
Salimos de
Purmamarca rumbo a Humahuaca. La quebrada está a unos ciento treinta
kilómetros de San Salvador de Jujuy y se empina en las alturas del
cerro a unos tres mil metros por sobre el nivel del mar. Al bajar del micro
nos apuraban porque según una leyenda del sitio, a las doce del
mediodía sale el cura a bendecir la ciudad, para ser sincera, llegué
a creer algo más fuerte, después, Orlando se encargó
de darme una respuesta más sensata.
-Hay que masticar hojas de coca para que no se apunen -dijo el guía-
Nada entendía, es más, me asusté un poco, hasta que
me explicaron y luego pude extraer estas notas del libro "EL Mundo
es ancho y ajeno", de Ciro Alegría, que me facilitó
Jorge A. Zaleski, el guía local, y de donde extraje algunos fragmentos.
"La
coca -científicamente Erythroxylumcoca"- según estudios
arqueológicos y etnológicos, era conocida y utilizada en
las culturas preincaicas con fines curativos y alimenticios. Posteriormente
el imperio Incaico difundió por todo su vasto territorio su uso
medicinal y la costumbre de "chacchar" las hojas de coca para
combatir el frío, el hambre y el cansancio.
Mama Ocho y Manco Cápac -Hijos del sol- son quienes trajeron la
"la planta de las plantas", y es indudable que desde esas épocas
remotas heredamos el mítico coqueo, aún vigente.
Fue con la conquista española que se comenzó a transformar
lo sagrado en mercancía, como una estrategia más de control
social para la primitiva acumulación del capitalismo naciente.
Describía el Inca Gracilazo de la Vega en sus comentarios Reales:
"La mayor parte de las rentas del obispo, de los canónigos
y de los demás ministros de la Iglesia del Cuzco, provenían
de los diezmos de la coca, y el transporte y la venta de este producto
enriquecía a muchos españoles"...
Investigaciones
realizadas en la Universidad de Havard, el Servicio de Agricultura, el
Museo de Botánica de Estados Unidos y también en el Instituto
de Patología Regional de Salta, comprobaron que la coca tiene un
alto contenido de proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales,
en algunos casos superiores a los de varios vegetales. Además, todos
coinciden en señalar que los alcaloides que contiene la hoja de
coca no producen el efecto de la cocaína en la acción del
coqueo.
Estudios clínicos y de laboratorios realizados a "Coqueros
Crónicos" arrojaron resultados normales, observándose
como ventaja la longevidad alcanzada por personas que coquean desde la
adolescencia, en definitiva, no se observan modificaciones físicas
ni psíquicas, ni el menor indicio de dependencia, ni de abstinencia
por su interrupción, parámetros esenciales para definir una
toxicomanía.
...Pero la
incoherencia normativa continúa: por una parte se despenaliza el
coqueo y por otro se penaliza el ingreso de las hojas de coca... Cabe preguntarse
si es correcto y conveniente destruir una sana costumbre autóctona,
nada más porque en otras culturas se utilice su transformación
química como un gran negocio.
No se debe confundir el cocaísmo de los países "desarrollados",
con la práctica del "Coqueo" en las culturas Andinas"
Estas informaciones
han de ayudarnos culturalmente, los prejuicios no conllevan a un cabal
entendimiento, todo lo contrario, conspiran contra ese legítimo
orgullo que debemos tener todos para preservar nuestras culturas y raíces.
Lo cierto es que probé la coca, mastiqué por error las hojitas
cuando debí hacer una bolita con la lengua y ubicarla a un costado
de la boca como me habían indicado hasta absorber de a poquito su
jugo algo amargo, pero que no permite, como decimos nosotros, que se tapen
los oídos.
En medio de todo lo sano que resultan las hojas de coca, el vivir esta
otra experiencia que fuera acompañada por un tremendo susto al tragar
un pedacito de hoja que me hizo estallar en tos desesperada hasta convertirme
un poco en el centro de atención por el mal momento que se diluyó
como un relámpago cuando reapareció con sus coplas Orlando,
el niño de apenas diez años, hijo de coya, quien me acercó
un vaso con agua fresca, y cristalina de esas lejanas y cercanas serranías,
a las puertas de la quebrada de Humahuaca.
Ah, y fue
Orlando quien me contó, cuando se sentó a mi lado, que el
cura bendecía a través de un mecanismo que le hace mover
la cabeza y las manos, y que ese mecanismo lo echa a andar un hombre desde
adentro de la iglesia. ¡Cosas de los pueblos para mantener sus costumbres!
Si quieres que te continúe transmitiendo mis vivencias, cierra los
ojos, deja que toque tus ojos por mis letras en este imaginario espacio-tiempo
donde solo el corazón habla a través de las palabras.
Esto, te aseguro que continuará.
|