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La ciudad de La
Plata ha quedado muy lejos, creo verla multiplicada en luces, mientras
las gentes se deslizan huidizas del frío, aquí en la Quebrada
de Humahuaca apenas se siente el frío, el clima es más seco.
Éste es el principal atractivo turístico de San Salvador
de Jujuy, situada a unos tres mil metros sobre el nivel del mar.
Para dar un toque de distinción a nuestras vistas, el multicolor
paisajístico embelesa, dulcificando nuestras fibras: Ocres, verdes,
amarillos, azules, belleza inigualable a ambos lados del Río Grande.
Gama de tonos volcados sobre las laderas.
Según la historia, aquí se han encontrado indicios de una
población que data aproximadamente del año 10.000 A.C., correspondiente
a cazadores-recolectores, quienes fueron domesticando ganados, al tiempo
que se convertían en agricultores.
Alrededor de la Plaza Central, ferias artesanales, con diferentes motivos.
Allí están las manos del hombre, paciencia, amor, y símbolos
inconfundibles en las cerámicas, los tejidos, las alfombras, los
instrumentos musicales, vuelvo al recuerdo y pienso en la Plaza Italia
de La Plata, donde sábados y domingos, los artesanos se dan cita
para mostrar su arte.
En Humahuaca almorzamos
en un campestre restaurante, allí, donde el plato típico
es presentación de las tradiciones: Locro bien cargadito con tocino,
maíz blanco, calabaza, (zapallo) con su buen punto de picante al
gusto, y por supuesto, chivo, o cabrito, como se denomina por acá,
un pan tan divino, que yo, panadera al fin lo disfrutaba de una manera
bastante infantil y por lógica, el vino tinto, divino momento para
dejar caer un chorrito de la deliciosa bebida sobre la Pachamama, como
hacemos en nuestro país, en rotundo agradecimiento. La música
fue un toque distintivo, chacarera, carnavalito, música popular
tradicional, artistas oriundos con sus ponchos multicolores y una alegría
a desborde, mezclada con otros visitantes de dos guaguas, (micros) que
había coincidido en el recinto. De sorpresa en sorpresa quedo perpleja,
porque una de las compañeras se había acercado a los músicos;
y de repente instrumentos musicales y acompañamiento general de
los presentes hacen estallar desde sus adentros la conocida Guajira Guantanamera
con los resonantes y fervientes versos de nuestro José Martí,
posteriormente fui llamada a decir una poesía, y qué mejor
propuesta en medio de tanto calor, solidaridad y muestra de amor a mi país,
que dedicarles Identidad en esa lucha nuestra y de todos por preservar
nuestras raíces.
Dejamos atrás
Purmamarca, con su magna obra: el Cerro de los siete colores, denominada
también, Tierra de colores; y propuesta como Monumento Natural.
Allí, los minerales coloridos corresponden a sedimentos del período
cretácico que culminó hace sesenta y cinco millones de años,
cuando desaparecieron los dinosaurios, conocido también como formación
yacoraite, las mismas, según Jorge, el guía local, que se
localizan en Quebrada de las Conchas y Quebrada del Toro, donde habíamos
ido el día anterior.
Avanzamos hacia Pucara de Tilcara. Según informaciones que pude
localizar, la ocupación masiva de los pucaras, se realiza durante
el período tardío (1000/1480 D.C.), y continúa durante
el breve período incaico hasta la ocupación hispánica,
que puede considerarse consolidada en 1594, con el apresamiento de Curaca,
(Cacique) de Tilcara, Viltipoco.
Tilcara está a unos ochenta y cuatro kilómetros de San Salvador
de Jujuy y a unos dos mil cuatrocientos sesenta y un metros por sobre el
nivel del mar. Es denominada capital arqueológica.
A la llegada de
los españoles, los pueblos de la Quebrada se agrupaban en distintas
parcialidades, cuyos nombres han permanecido en los topónimos de
la región (Omaguacas, tilcaras o fiscaras, uquias, etc).
En el Pulcará de Tilcara, las construcciones eran de piedra, con
techos de "torta de barro y paja asentados sobre tirantes de cardón"
y ocupaban la mayoría de la superficie del pucará, sus paredes
eran de piedra y se comunicaban por caminos. Además de los sectores
de vivienda (en cuyo interior se realizaban inhumaciones), han podido ubicarse
los corrales (destinados a las llamas), un sector de culto que fue denominado
"la Iglesia" por los arqueólogos que reconstruyeron el
sitio, y la necrópolis (ubicada al este).
En la falda sur se encuentra uno de los basureros, donde se arrojaban todo
tipo deshechos, elementos de suma riqueza en información arqueológica.
Los Tilcaras eran
pastores y agricultores: cultivaban maíz, papa, porotos, zapallos,
etc., con herramientas simples (azadas, palas y cuchillos de piedra o madera),
sin arado y con el empleo exclusivo de la fuerza humana. Trabajaban las
zonas cercanas al Río Grande en la que resultaba factible el riego,
incluyendo al actual pueblo de Tilcara, así como la extensa zona
de Alfarcito, donde aún hoy pueden observarse importantes terrazas
de cultivo.
Practicaban la ganadería de llamas, utilizadas como animales de
carga y para la provisión de carne y lana. Esta, junto a la proveniente
de la caza de animales silvestres (vicuña, guanacos, vizcachas,
etc) complementaban su alimentación.
Los objetos de uso diario eran en su mayoría de cerámica,
con las que fabricaban olla, cántaros, escudillas, y vasijas grandes
para almacenar alimentos. Todo parece indicar que el agua era acarreada
desde los ríos, (se piensa que muy probablemente del Huasamayo,
cuya cuenca provee actualmente de agua potable a Tilcara).
Vestían con telas hechas de lana de vicuña y llama, la que
hilaban en husos de mano, teñían con tinturas naturales y
tejían en telar de cintura.
Así ascendimos a pasos lentos hasta el famoso Pucara, la ciudad
fortificada, hoy Museo; y qué complacencia desde esas alturas en
que se avizoran los cuatro puntos cardinales, lugar estratégico
donde nuestros ancestros divisaban el avance de las distintas tribus enemigas.
Según la
tradición, en los festejos de Semana Santa, los promesantes, acompañados
por bandas de sicuris, bajan la imagen de la virgen desde Copa Cabana hasta
el pueblo, cuentan que la procesión se ve coloreada por las enormes
ermitas que los vecinos hacen cada año con flores y frutos secos.
Vamos de regreso rumbo a la ciudad de San Salvador de Jujuy, va quedando
atrás nutriéndonos la vista Yala, conocida como Tierra de
Murallas, Tumbaya, lugar de justicia, (pueblo de coya), Maimará,
poblado en el corazón de la quebrada donde se destacan los cerros
conocidos como la Platea del Pintor, compuesta por una serie de plegamientos
antisinclinales y sinclinales (estratos curvos con el arco hacia arriba
y hacia abajo respectivamente), formas geológicas éstas que
corresponden a rocas terciarias y cuaternarias. Impresionantes vistas para
nuestras diminutas pupilas, grandilocuente fuerza de la naturaleza. Tanta
belleza acumulada y tanta historia trazada, resguardada, y muy bien fortificada
por donde se mantiene intacta la huella de nuestros nativos. Hemos salido
de Maimara, o mejor, como decían sus primeros pobladores, "Estrella
que cae".
Si se me está permitido continuaré dando riendas sueltas
a estas horas que permanecerán por siempre en nuestros corazones
y que pueden brotar porque se han sembrado muy adentro.
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