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Nunca imaginé
que mi ciudad natal tuviera tanto parecido con la ciudad de San Salvador
de Jujuy, o viceversa; y es que al entrar por calles angostas en bajadas
y subidas sólo faltaban a mi vista el mar y verdor de nuestras montañas,
pero pasear la vista entre sus edificaciones coloniales, y ver la ciudad
resguardada por los cerros, conocer su historia nos hizo volver la vista
y saborear esta cercanía tan nuestras, una al norte del sur del
continente, la otra, al sur de la región Oriental en el corazón
del caribe, Cuba.
La provincia es famosa por el colorido de los paisajes del altiplano cargado
de historia y folclore, otra coincidencia con Santiago de Cuba, pero también
cuenta con fértiles valles para el cultivo de cítricos, tabaco,
caña de azúcar etc.
Fundada en 1593, por Francisco de Argarañaz y Murguía, setenta
y ocho años después de haberse fundado la Ciudad Héroe
de la República de Cuba, San Salvador de Jujuy es la ciudad capital,
aún conserva edificios que recuerdan su pasado colonial. En la Catedral
se destaca el púlpito tallado de ñandubay de estilo barroco
español, cuenta con un Santo Cristo Yacente de madera y yeso, y
un confesionario que es una maravillosa obra de arte colonial, la Iglesia
de San Francisco, la de Santa Bárbara, la misma santa con los mismos
atuendos reconocidos en mi isla, es allí donde se encuentran cuadros
de la escuela Cuzqueña, el Cabildo, Museos, y el Mercado Artesanal
con obras hermosísimas. Fue muy corto el tiempo en la ciudad, allí,
frente a su Plaza, creí ver nuestra Plaza de Marte y es que sin
dudas todos los pueblos de Latinoamérica somos en esencia uno.
En un escrito leo: "Hemos
decidido resistir hasta las últimas consecuencias. ¡Libres!,
jamás esclavos, no podemos seguir permitiendo el sometimiento de
nuestro pueblo a los mandatos extranjeros, ni la expropiación de
todas nuestras riquezas".
Cuando empecé a indagar, Jorge, el guía, me alcanzó
una sencilla revista denominada Quebrada
y Puna, de su edición 19, extraigo estos fragmentos para
adentrarme en esa riqueza expresión patriótica.
"...
Es que la Patria necesitaba aquel glorioso 23 de agosto de 1812. El enemigo
colonialista invadía desde el norte y se necesitaban valientes que
en aras de la libertad y la independencia, fueran capaces de entregar sus
bienes y hasta la propia vida, más allá de toda intencionalidad
épica".
Y se produjo el éxodo jujeño; el General Belgrano ordenó
el abandono de Jujuy, previa quema de todo lo que no pueda cargar, para
no dejar nada que sea útil al invasor. Arrasaron sus campos, mataron
sus animales, quemaron los sembradíos y partieron en la noche plena
de misterio. Ofrendaron su vida y su sangre por ver libre a la naciente
Patria".
¡Cuántos
hechos para coincidir! Así sucedió en el siglo XVIII en Cuba,
en la misma ciudad donde se entonara por vez primera nuestro Himno Nacional,
allá en la legendaria ciudad de Bayamo, en la región Oriental,
también los hijos dignos de la Patria, prefirieron incendiarla y
entregarla en cenizas, antes de que el colonizador español se apropiara
de ella, era el comienzo y el definitivo camino hacia un nuevo horizonte,
el que culmina con el triunfo de la revolución el 1ro de enero de
1959, es por eso que decimos con legítimo orgullo, de que en Cuba
ha existido una sola Revolución, la iniciada esos años de
1868 por hombres como Carlos Manuel de Céspedes, "El Padre
de la Patria", Antonio Maceo, Máximo Gómez, José
Marti e Ignacio Agramonte entre otros muchos, que crearon y organizaron
nuestro primer ejército libertador.
"...Si
hasta pareciera que los cardones de la Puna formaban cual recio batallón,
y que los ríos conjuraban en llanto las aguas de sus tiernos lechos.
El ejército invasor sólo encontró desolación
primero y luego la muerte".
Según
la historia, La Quebrada de Humahuaca y el Chañi fueron mudos testigos
del dolor de sus pisadas. Ese 23 de agosto de 1812, desafiando a los poderosos,
resistiendo hambre y frío... ganándole hasta al viento, nuestro
pueblo supo librarse del yugo opresor. Iban juntos los corazones de las
madres, las esposas, los niños y las hermanas entonando al unísono
un murmullo de oraciones, y entre las mil voces se sacudían los
ponchos, ¡rojos del coraje, de nuestros gauchos!
Una jujeña,
hermana y amiga, Guillermina Mendoza Pereyra Iraola, me dijo con orgullo:
"Hoy en día, gauchos con sus trajes típicos cruzan la
ciudad, lo hacen a caballo con sus mejores galas y reviven aquella partida
patriótica".
Vamos
de regreso a Salta, será la última noche en esta ciudad.
Viajaremos temprano hacia Cafayate donde pasaremos la noche, luego continuaremos
para Tucumán hasta Buenos Aires.
En este
transitar siento vibrar los versos de Martí y de Martín Fierro,
y es que se conjuga historia, paisaje, costumbre y cultura que en esencia
es el alma de los pueblos.
"...Y la tierra
en silencio, y una hermosa voz de mi corazón, me contestaron".
(José Martí.)
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