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cerros van quedando atrás, en una de las curvas a la salida
de Tafí del Valle, asalta a nuestras vistas la copiosa vegetación,
montañas y más montañas trayéndome a
la memoria nuestras Sierras. Por su sistema de comunicaciones, la
provincia de Tucumán es considerada puerta de entrada al
Noroeste argentino. Paseando la mirada por campos poblados de caña
de azúcar y a diferencia de los lugares anteriores, llama
la atención de todos, el abandono y la suciedad por encima
de la pobreza palpable. Tristes ojos míos que observan tantas
realidades juntas.
En horas de la tarde entramos a la capital, San Miguel de Tucumán,
Ciudad Histórica, fundada en mayo de 1565 por Diego de Villaroel
en un paraje conocido como Ebatín y es fundada nuevamente
en 1685 por Miguel de Salas y Valdés en el lugar de su actual
ubicación. Está muy ligada a la historia de la independencia,
allí ocurrió la Declaración de la Independencia,
aquel 9 de Julio de 1816. La Casa donde se realizó este hecho
patrio, hoy Museo de la Casa Histórica de la Independencia,
constituye un atractivo turístico fundamental para cualquier
visitante.
Entramos al Museo de la mano de la historia y horas estuve en el
recinto de los Constituyentes de la época. Posteriormente
fuimos a la Catedral frente a la Plaza Independencia, plaza ésta
amplísima, rodeada de árboles y arbustos con sus bancos
de mármol blanco, podíamos haber tenido una hermosa
vista si el cuidado hubiera sido otro.
Apenas caminar algunas calles estrechas y anchas, de amplios corredores,
edificaciones coloniales de estilo barroco, fluir incesante de transeúntes
y vehículos. Ferias artesanales y el jugoso y rico sabor
de la dulce gramínea, –nuestro guarapo– no faltó
al deleite del paladar, tampoco el masticar y absorber el jugo directamente
de la caña en cuanto descendimos del micro.
Fueron muy corticas las horas en la ciudad histórica, tal
vez, un compromiso moral pendiente para el continuar adentrándonos
más en la historia y el comportamiento humano a lo largo
de la misma, cuyo origen fue un grito digno emanado por la rebelde
sangre de los verdaderos dueños de la tierra, desde aquellas
horas en que se enfrentaron al conquistador.
LUNA
TUCUMANA
(Porque
de niña se la escuché cantar a mis abuelos y porque
las letras de
Atahualpa Yupanqui me dulcifican. A él, gracias por su genio.)
Yo
no le canto a la luna
Porque alumbra y nada más
Le canto porque ella sabe
De mi largo caminar.
Ay
lunita Tucumana
Tamborcito calchaquí
Compañera de los gauchos
En las sendas del Tafí.
Perdido
en las cerrazones
Quién sabe vidita por donde andaré
Más cuando salga la luna
Cantaré, cantaré
A mi Tucumán querido
Cantaré, cantaré, cantaré.
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