| La
literatura en estos tiempos no es nada ajena a lo que sucede en
su entorno, a mi ver, creo que es uno de hechos más importantes
y sin dudas, el arte en su conjunto continúa con esa muestra
que a veces escapa a algunos historiadores. El artista comprometido
siempre está ahí donde hace falta, pluma en mano como
el soldado al pie de su fusil en una causa justa y noble.
He visitado a una familia maravillosa en Villa Elisa, localidad
de la ciudad de La Plata, allí es donde vive Guillermo Peluffo,
arquitecto de profesión, pero narrador por excelencia. “Dicen
que en un bosque incendiado, las semillas que han logrado esconderse
bajo tierra, de sus depredadores, brotan por el calor del suelo
con una fuerza inusitada. Tal vez sea esa la razón por la
cual aquella semilla que se había gestado en Bellas Artes,
tapada por capas horror y más horror durante los años
de plomo, más un espeso manto de esperanzas desbastadas,
germinara cincuenta años después de su nacimiento”.
Es esa la primera lectura que he encontrado en la Antología,
A un paso de la soledad y a medio de los sueños, ocho autores
que quiero nombrar: Guillermo Peluffo, Tomás Calello, Susana
Bellver Zambrini, Alberto Noguerol, Mercedes Alfonso, Omar Achear,
Claudia Parini y Jorge de Prado. Ocho autores que gestaron ese libro,
ninguno se conocía, Internet se encargó de unirlos
a través del teclado, magia de la poderosa tecnología,
hasta que entre todos cobraba fuerza la idea de generar una obra
en común y autogestiva, ese proyecto los hizo conocerse personalmente
para conjugar el verbo y ponerlo en acción.
A un paso de la soledad y medio de los sueños, recién
salida a oxigenarnos y a nutrirnos te lleva de la reflexión
a la risa, de la estupefacción a la recreación y algo
interesante, un sabor a pueblo manifiesto con todas las inquietudes,
con parte de esas realidades, pero con un tratamiento elegante,
medido y muy bien refinado, por supuesto, un manejo excelente de
la palabra.
Una de
esas tardes de invierno del 2002, conocí a Guillermo a través
de su esposa Lina, fue así como llegaron a mis manos tres
pequeños ejemplares premiados en diferentes certámenes:
‘Uná-monos’. Un par de cuentos cortos que contienen
los títulos: ‘Lobotomía Inminente y Technology’;
y ‘No hay dos sin tres’.
En la
obra de Guillermo, la sátira encuentra un lugar cimero, hay
un decir despejado, fuera de espacios comunes, poesía intrínsico
y ese sentido logrado por el autor que te cautiva para quedar atrapado
entre líneas y ser parte de todo el drama, mitad ficción,
mitad realidad recreada por el autor. Así por ejemplo, es
hermosa la descripción de esos vaivenes en un tren desde
la Ciudad de La Plata, tomándolo en Villa Elisa, hasta Buenos
Aires, cada una de las paradas, los vendedores ambulantes, el sube
y baja apresurado en cada estación, nada ajeno para quienes
se mueven en tan importante medio diariamente.
Retomo algunos fragmentos de ‘Delitos Inciertos’, aparecido
en la antología
A un paso de la soledad y medio de los sueños.
/... Es
lunes, el primer día de la semana, y una mañana en
realidad muy fría
cuando todo arranca igual como cualquier otro día. El titular
de un diario que leo a ojito dice con grandes letras –“Mató
a su novia de ciento trece puñaladas”.– Miro
y pienso con desgano./
/... Una
seguidilla interminable de vendedores ambulantes ofrece cosas a
los gritos. Caramelos, alicates chinos, agendas útiles...
“para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero...”,
los apoya en mi pierna, en todas las piernas, caminan hasta el fondo
del vagón, vuelven, las recogen y se van. Siempre con un
parlamento idéntico y fastidioso que con miles de palabras
estridentes, sin error, como una cinta magnética, se rebobina
y vuelve a empezar./
/... El
tren comienza a disminuir su marcha al llegar a la estación
de Berazategui, dos paradas antes de mi destino... /... Una mujer
petisa y gorda corre por el andén y lleva de su mano, casi
arrastra, a una chica de ocho o nueve años. La niña
tiene un tapadito rojo que en uno de los tirones de la gorda pierde
un botón. El botón cae, rueda por las lajas maltrechas,
gira lento como un perro callejero y se acuesta con mansedumbre
al lado del muro, en el zócalo acanalado./
/...Sin
saber qué me impulsa, me levanto de inmediato, bajo por las
escalerillas que se encuentran justo detrás de mi asiento,
traspongo el andén y lo alzo... /
/...El
tren comienza a andar y yo cruzo otra vez a los tropezones por el
andén. Lo escucho bufar, ya en movimiento me agarro de los
pasamanos y subo de un solo tirón dos puertas más
atrás de donde había bajado./
/...Y
allá la veo que traspasa el humo azul de los puchos. Pelea
a los codazos con la muchedumbre que sube y busca como ave de rapiña
un asiento para dos./ –Disculpe señora, esto se cayó
del tapado de su hija– le dije mientras le alcanzaba el botón.
/ / La mujer me mira. Mira a la chica y con un dedo, como con duda,
toca el lugar donde debiera encontrarse el botón. Con un
gracias titubeante la gorda perpleja estira su mano y lo pone en
el bolsillo. Su mirada me sigue y siento en mi espalda una ráfaga
helada mientras continúo mi camino para adelante... /
/... Inicio
mi marcha por la calle, todavía desierta, que parece un día
después de la guerra. Cajas y papeles de helados tirados
por todos lados, un borracho duerme con el cuello quebrado y algunos
comerciantes empiezan a baldear. Recorro somnoliento dos cuadras,
entre negocios cerrados y veo otra vez el patrullero con sus máquinas
que dobla hacia mí. En el asiento de atrás veo a la
gorda que me señala y grita. –¡Ahí, ahí
va. Ése, ese es el hombre. El de barba!– sirena, frenazo
y... /
/–¡Alto! La cara contra la pared, las manos atrás
y abrí las piernas.–/
/ Cuando
me quise acordar estaba dentro del patrullero... /
/... –A ver tarambana ¡no te hagas el ganso! ¿Por
qué le devolviste el botón a la gorda?–
/ –Y... ¡porque se le cayó!–
/ –¿Y cómo sabés que se le cayó
si vos venías de atrás y la gorda venía de
adelante?
/...–No, no venía de atrás. Yo subí al
tren en Villa Elisa, como todos los días, y viajando vi por
la ventanilla a la chica que...
/ –Ah... ¡Mirabas a la chica! degenerado de mierda./
/...Como
a las diez de la noche llego a casa... Sin levantar la vista del
televisor me pregunta monótona y con una cara que lo decía
todo.
–¿Qué te pasó? Estaba preocupada.
El tercer interrogatorio del día era inminente, pero sin
perder un solo detalle, a pesar del dolor de cabeza, comencé
de nuevo con la historia de lo que me había ocurrido y que
hasta a mí me costaba creer. Luego de un rato de escucharme,
incrédula, vuelve al ataque justo cuando mordía el
primer bocado.
/... –Ah... ¡Mirabas a la chica, degenerado de mierda!.../
Guillermo Alberto
Peluffo, Nacido en la Ciudad de La Plata, se recibió
como Arquitecto. Obras suyas aparecen ya en dos antogías.
Ha alcanzado un primer premio en “Concurso de Cuento Corto”
auspiciado por la Municipalidad de la Ciudad de La Plata y el Instituto
Cultural Francés con el cuento ‘Uná-monos’
(2000), un primer premio con ‘Lobotomía inminente’
(2201) en el decimonoveno certamen de narrativa organizado por la
Biblioteca pública Municipal de Arrecifes y una segunda mención
en el mismo certamen con ‘Technology’ (2001), un tercer
premio al autor en el sexto concurso “Urbano y suburbano 2001”
de Ediciones Baobab y otros galardones. A un paso de la soledad
y a medio de los sueños, de ocho autores Bonaerenses, me
ha dado el gusto de conocerlos, y es mi interés que ustedes
se sientan también cerca de ellos.
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