| Silvia
Di Leo, su poética.
La ciudad
de La Plata, conocida también como Ciudad de las Diagonales,
tiene ese encanto por su arquitectura y la construcción de
sus calles y avenidas. El ir y venir de estudiantes, por ser también
Ciudad Universitaria, da ese olor a fragancia, sonoridades de risas
que se extrañan durante los días de vacaciones cuando
cada estudiante retorna a su casa, muchas de ellas, en sitios bastante
alejados. Andar la Plata y no detenerte en algún rincón
donde voces múltiples se suman para dar lecturas a sus poesías,
es desconocer ese pedazo de misterio en una ciudad demasiado melancólica
los domingos, cuando se ha echado a dormir después de disímiles
trajines durante la semana.
Una de esas tardes como son esas cosas a veces inexplicables de
contar, me presentaron a Silvia Di Leo, oriunda de Bragado, pero
residente en esta ciudad, haberla conocido fue un regalo de la vida
porque aunque nos acercara la poesía, en Silvia se lee en
el rostro su caudal de ternura, su lucha por lo justo y su elevado
sentido ético. Admiro a la mujer por su constante lucha y
a la poetisa por la extraordinaria sensibilidad y esteticismo manifiesto
en su obra Poesía.
“Soy un alguien con voz que no oye nadie, la suma de infinitas
ilusiones, cuando busqué a mi Dios miró a otra parte,
les pido simplemente que me vean y me quito la piel para mostrarme”.
–Esta es Silvia Di Leo, la madre de tres hermosos frutos,
la Silvia que no inclina el corazón, que se yergue ante el
dolor de todos y se suma a la lucha en la vanguardia. Así
la vemos, así es, como estos fragmentos que he escogido del
título. Agonía
Comprendan
el dolor / de los recién nacidos y ya muertos /
De las venas desgarradas por el llanto inaudible / de las enrarecidas
marcas de su casta /
Comprendan la soledad / de las pieles distintas / pigmentadas de
rojo / de negro / de amarillo / observen la visión escalofriante
/ bajen al descampado cementerio de vidas /...
.../ Por una vez escarben en el alma del hombre / a contra luz de
un cuerpo que se mece en la nada / mientras una guadaña le
columpia la hamaca /
Comprendan que esas sombras se merecen el día y que en la
noche oscura
De la absurda miseria como en un mar de aceite agoniza la vida.
Dice Gladis
Molina, otra de las escritoras y crítica literaria de esta
ciudad, en el prólogo Poesía de Silvia Di Leo que:
“Existe una manera de leer la poesía de Silvia Di Leo
y es desde el centro. Es allí donde el temblor acusa su existencia.
Se adelgazan las páginas hasta desaparecer bajo los túneles
humedecidos de las palabras, recién entonces el universo
se abre. Desinhibido en su radiante desnudez, el poema, uno solo,
reescrito mil veces, nos invade”.
Yo he escogido esta vez en medio de las treinta y tres páginas
de este volumen poético de Silvia Di Leo, ’Quiero’.
Ustedes también tienen la palabra. Desde ya, doy las gracias
a Silvia por nuestra amistad, por su poesía, por su entereza
y por su dignidad.
Quiero
que el cuerpo desmedido
de las bocas hambrientas
encuentren un bálsamo
de manos dadivosas
Quiero que el abandonado corazón
del huérfano
se esconda en el regazo
de las madres estériles
Quiero que la tristeza
de los niños sin voces
encuentren las campanas
que repiquen sus nombres
Quiero que la inocencia
Que transitan las calles
siga siendo inocencia
Quiero que la neblina
en un compás de espera
nos envuelva en su niebla
Quiero que una mañana
Sin que nadie lo sepa
el sol sea de todos
y la tierra una aldea.
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