La
Novela El harén de Oviedo, de
la periodista, y escritora cubana Marta Rojas Rodríguez,
ha sido una hermosa y extraordinaria revelación
en esta trigésima edición de la feria
internacional del libro en Buenos Aires, por la contribución
que la misma hace a todo el proceso de nuestra identidad.
Se desarrolla a partir de 1875, siete años después
de que Carlos Manuel de Céspedes le diera la
libertad a los esclavos, y donde se pone de manifiesto
el cruento y vergonzoso tráfico de negros. Trata
sobre un personaje real, un rico hacendado criollo que
vivió apartado de la sociedad, poseía
diecinueve ingenios azucareros y uno de ellos era el
preferido porque allí tendría su harén
de esclavas negras y mulatas, donde también viven
los veintinueve hijos de estas uniones, a los que les
dio una educación esmerada, sobresaliendo de
manera especial Enriqueta, hija de la favorita.
Al fallecer Oviedo, este señor de la Santísima
Trinidad sin testar, aparecen los parientes que aspiran
a un caudal inmenso. Es el momento en que aparece como
protagonista de relieve Enriqueta, la primogénita,
hija de la esclava favorita. De las decisiones audaces
que adopta Enriqueta, a la par de sus naturales relaciones
amorosas, exentas de prejuicios, que no mellan su elegante
compostura, está latente el humor, excitante
y mordaz que tiene como contrapunto el amor y la ternura.
Las escenas se desarrollan como si estuviéramos
en presencia de un filme cinematográfico.
Marta Rojas utiliza el erotismo como una metáfora
de la esclavitud y el mestizaje, según sus propias
palabras, pero va más allá al convertirlo
en liberación de las ataduras sociales y religiosas,
en la interpenetración de las clases sociales
al menos para el mutuo conocimiento de sus culturas.
Información histórica que cobra vida con
las descripciones del ambiente de aquel tiempo, la pobreza
de las ciudades debido al incipiente desarrollo económico,
las costumbres en las comidas, procesiones religiosas,
vestimentas acordes con el rango social, comportamiento
social de los personajes, etc., que va entramando en
los destinos personales. Encontramos pasajes en los
que la ficción y la historia se fusionan para
darnos un cuadro vívido de cómo pudo ser
en la época.
...”Andaba, como casi siempre con la deslucida
ropa de esquifación, y ella deseaba verlo mejor
vestido... Le dijo a Amalia que llamara de su parte
al esclavo, y él entró enseguida en el
perímetro prohibido a menos que –como en
este caso–, el Señor o ella lo llamaran
para algún menester.
Le dijo a Tomás que la siguiera hasta su aposento.
Tenía lo que quería para él: una
camisa y otras ropas que había tomado del armario
de Anatasio... Hizo que entrara al aposento. Mandó
que se quitara la camisa rota que vestía... Se
había sacado la camisa por el cuello, dejando
al descubierto un mapa de cicatrices de latigazos...
Intrigada por las cicatrices nuevas, mandó que
Tomás se volviera hacia ella, y descubrió
en el torso de su esclavo un segundo mapa con huellas
de latigazos también recientes..
...La obediencia del esclavo era ciega... Bastaron cinco
palabras para que él se desnudara completamente...
Sintió deseos de tocar las huellas, su tacto
apetecía el contacto...
Esa sumisión tan absoluta de su muchacho de jugar,
le provocaba todavía, transpiraciones inacabables
y una agitación interior alucinante...
Con El harén de Oviedo, Marta
Rojas completa una trilogía de época,
amor e identidad, que comprende El Columpio del Rey
Spencer y Santa Lujuria.
Marta Rojas ha tenido una azarosa vida, su obra en general
está colmada de excelente estética, riqueza,
sensibilidad extraordinaria y sencillez. Contaba entonces
con veintidós años y estaba recién
graduada de Periodismo, cuando se produce el asalto
al cuartel Moncada en su ciudad natal, Santiago de Cuba,
acontecimientos de máxima trascendencia nacional
que le hacen involucrarse de golpe,
En tales hechos, pretendía escribir una crónica
del Carnaval santiaguero y finalmente concluye con un
extraordinario reportaje acerca de los hechos que se
producen. Es la periodista, escritora y testigo excepcional
del juicio a los asaltantes de los cuarteles Moncada
y Carlos Manuel de Céspedes, hechos acaecidos
esa mañana de la Santa Ana,
Autora del testimonio antológico El juicio del
Moncada, ha publicado además, El que debe vivir
(Premio Casa de Las América), La cueva del muerto,
(1983-2003), además de otros aportes sobre la
gesta de la Revolución cubana en el campo de
la cultura y de obras narrativas de distinto sello,
como suelen ser muchos de sus trabajos periodísticos
publicados durante todos estos años. Fue corresponsal
de guerra en Viet Nam, reportera de Granma y jefa de
Información. Simultaneó durante los últimos
años su labor reporteril y de comentarista, con
piezas literarias de ficción que abren un espacio
en la novelística latinoamericana y para ello
cuenta en su haber con una sistemática labor
de difusión del legado de Alejo Carpentier, a
quien también ella dedicara importantes comentarios.
Las novelas de ficción El Columpio del Rey Spencer
(Chile, 1993; Cuba, 1996 y Santa Lujuria, (novela histórica,
pero de ficción, que indaga en nuestros orígenes)
(1998y 2000) Ahora Marta cierra su trilogía novelística
con El harén de Oviedo.
Ha sido premiada, galardonada y laureada dentro y fuera
de Cuba, posee cuantos reconocimientos merece por todo
su empeño en el campo intelectual y de las ideas.
Es sin dudas, una heroína, ejemplar hija de la
madre de los Maceo y una activa combatiente de las letras
y la justicia. Goza de gran notoriedad entre los periodistas
cubanos, admiración y respeto del pueblo y toda
la intelectualidad cubana.
Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio
Fernández de Castro y Distinción "El
honor y la honra" otorgado por la Sociedad Cultural
José Martí, entre otros.
El interesante transitar histórico, social y
cultural que traza Marta Rojas, de quien no debemos
olvidar su vocación periodística y su
amor por la historia, es lo más sobresaliente
de la novela. Historia que nos guía para llegar
a la actual identidad cubana, insertada en este mundo
caribeño y latinoamericano al que pertenecemos.
Se propuso hacer una trilogía con el mundo del
Caribe y todas las cercanías –Estados Unidos,
México, etc.– que confluyen para crear
la mezcla de razas y de culturas que nos formaron y
hoy damos gracias infinitas por lo que pone a nuestro
alcance porque como dijera Simón Bolívar;
..."No somos blancos, ni indios, ni negros, sino
nueva síntesis de todos ellos”. |