»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
NBuenos Aires desde Santiago, Chile
por Carlos Aránguiz Zúñiga »n
m
Esos inevitables encuentros de escritores...
.
Casi ningún escritor que se precie de tal (?) ha dejado de asistir alguna vez a un encuentro de escritores, nacional o internacional, no importa: de todas formas resultan muy parecidos.

Se trata de una reunión más o menos numerosa de personas que practican la escritura -a veces también la literatura-, donde coexisten buenos, regulares y malos creadores, con un espíritu democrático casi incompatible con el arte, en el que se escuchan unos a otros sin ánimo de trascendencia y luego se aplauden según un recíproco compromiso de estoicismo, generalmente facilitado por la abundancia de los mostos y la escasez de las comidas. A veces se decide incluir un espacio para ponencias que nadie escucha y que si alguna vez se publican, ello acaecerá en revistas academicistas de nombres altisonantes que sólo leen los interesados y el equipo editorial respectivo, con algunas excepciones (aquél enfadado por no haber sido consultado).

Pocas veces resulta algo útil para la literatura en esta clase de citas, pero siguen reiterándose en el tiempo porque en verdad llenan una necesidad efectiva, como es la de comunicarse humanamente en una época en que la globalización está matando todo rasgo de identidad.

¡Oh increíble ironía de la Providencia! Mientras se multiplican las bandas anchas que permiten el contacto global instantáneo, el hombre y la mujer se sienten cada vez más solos. El arte -y la literatura como expresión escrita de éste-, que por esencia requiere un ejercicio solitario e individual, siente urgencia del roce de la piel, del intercambio de aliento, del apretón de manos.

Se me podrá decir que los encuentros de escritores (tan bien descritos en un cuento de Liliana Díaz Mindurry, con un final que muchas veces he pensado en la realidad para esta clase de reuniones) han existido siempre, casi inevitablemente. Pero se me habrá de reconocer que nunca proliferaron tanto como ahora.

Pues bien, yo soy la persona del Evangelio que no puede lanzar la primera piedra en este sentido, pues he asistido a muchos encuentros de escritores, de toda clase y en todas partes. Al principio -cuando era un escritor ingenuo-, buscando la veta de la sabiduría que me consideraba esquiva (juraba que los más adelantados estarían felices de reconocer un discípulo).

Luego, persiguiendo el árbol perenne de la fraternidad, en el que sigo creyendo pese al diluvio de las decepciones.
Últimamente, más bien por curiosidad: me atrae la escenificación del rol de "consagrado" en una tribu de aduladores que creen que el éxito editorial se obtiene rozando la sombra de un privilegiado; o quizás me atraiga también el juego un poco infantil de las generaciones, de los descubridores, de los seguidores y de sus opositores.

Ojalá nunca un lector asista a un encuentro de escritores, porque podría ser que terminara dedicándose a la literatura, viendo que el oficio de escribir está tan alcance de la mano.
.
<< ANTERIOR SIGUIENTE >>
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos