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NBuenos
Aires desde Santiago, Chile |
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| Buenos
Aires en el pincel de Luisa Osdoba. |
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Cuando
por estos días no sólo los chilenos
sino que buena parte de Latinoamérica tienen
puestos sus ojos en lo que está sucediendo
en Buenos Aires (por razones más que obvias)
y de alguna manera todos comparecemos en la distancia
al sufrimiento del hermano pueblo argentino, resulta
que hace poco hemos tenido una visita de Buenos
Aires -una parte simbólica, como lo es por
esencia el arte- en Santiago.
Sí, hace sólo algunas semanas atrás,
con el auspicio de la Revista "Francachela"
y del Corporación Cultural de la Municipalidad
de Providencia (uno de los municipios más
importantes de la capital chilena), se presentó
en la hermosa galería Tajamares una muestra
representativa de la obra pictórica de unas
de las artistas plásticas más promisorias
de Argentina, Luisa Osdoba, discípula de
la gloria viviente de ese país Oscar Capristo.
La
Galería Tajamares fue construida en el hermoso
parque a orillas del río Mapocho, aprovechando
las construcciones coloniales que servían
para contener sus desbordes y que han sido restauradas
debidamente. La amplia y elíptica sala de
exposiciones, donde se han presentado los principales
maestros del país y muchos de los más
importantes del extranjero, dio acogida durante
dos semanas a esta singular artista porteña,
que plasma en su obra una identidad universal reconocible
a partir del útero cósmico del cual
todos somos de alguna manera tributarios.
Miríadas
de jóvenes visitaron la muestra con el apoyo
de sus consuetas artísticos, respaldando
de este modo un montaje que fue aplaudido por la
crítica especializada. Una de las principales
radios de cobertura nacional dio amplia difusión
a la artista, como también la revista especializada
del mundo diplomático. Un éxito sin
precedentes para un esfuerzo cultural exento de
apoyos oficiales.
Buenos
Aires está en el pincel de Luisa Osdoba:
sus sueños, sus esperanzas, su dolor, su
inserción universal. Viene a propósito
decirlo por estos días, cuando los artistas,
más que nunca, son el pañuelo donde
cobijamos nuestras lágrimas y el telescopio
con el que miramos los mundos futuros. |
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