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NBuenos Aires desde Santiago, Chile
por Carlos Aránguiz Zúñiga »n
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Las estatuas
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Buenos Aires.
Estatua ecuestre del Gral.
José de San Martín, erigida
en la plaza del mismo nombre


Santiago de Chile.
Busto del Gral. Bernardo O´Higgins
Desde Chile se aprecia a Buenos Aires como una ciudad bella, grande, cosmopolita. Y con una abundante dotación de estatuas.

En cada parque, plaza o rincón de la ciudad, hay una estatua o a lo menos un busto (esa curiosa evocación parcializada), que recuerda algún personaje, que generalmente la “memoria colectiva” no es capaz de retener. No se sabe, es claro y menos en Argentina, donde todo el mundo tiene una opinión formada hasta en los detalles más nimios, cuán justificado sea en todos los casos el memorial cívico respectivo. Pero lo importante es que el porteño en particular y el argentino en general, mantiene una buena disposición para recordar a quienes hicieron algún aporte al dudoso concepto de nación.

Pero ni siquiera Buenos Aires se libra de la pétrea injusticia que preconizan las estatuas, respecto de otros ciudadanos que no sean políticos o militares. Los educadores y los artistas, conforman una casta minoritaria, seguramente porque dichas profesiones se encuentran alejadas de los centros de poder donde se deciden –administrativa y económicamente– las obras imperecederas que educarán a las generaciones actuales y futuras.
( Sin embargo, siempre me ha parecido poco aprehensible dicha explicación en el caso de los jueces, que pertenecen supuestamente a un Poder del Estado –cercanos a los centros decisionales– y no obstante son regularmente omitidos en los monumentos públicos y Buenos Aires no es la excepción. Es claro que siempre puede decirse, que no existen jueces que merezcan el reconocimiento postrero; pero ello sería extensible a gran parte de los políticos y militares inmortalizados en el mármol o granito, de modo que la razón pareciera ser otra).

Como se trata de remembrar lo que merece ser rescatado del olvido y de rendir homenaje permanente a quienes la sociedad (otro concepto abstruso) debe gratitud, me parece que habría que incluir dentro de las próximas candidaturas a estatuas, a más artistas, pintores, escultores, músicos, escritores, danzarines, fotógrafos, cineastas, videístas, etc.., que son quienes verdaderamente construyen la “memoria colectiva” de un país (tercer concepto equívoco), aunque los problemas “técnicos” no sean menores:

1- Si nadie financió sus obras (bueno, me refiero a la mayoría) en vida, ¿de dónde saldría el financiamiento postrero?

2- ¿De dónde se obtendrían las legiones para desfilar en sus aniversarios? Sabido es que un artista jamás (bien, la mayoría de las veces) reconoce el mérito ajeno.

3- Faltarían parques y plazas: hoy por hoy, todo el mundo se cree artista.
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