
Buenos Aires.
Estatua ecuestre del Gral.
José de San Martín, erigida
en la plaza del mismo nombre
Santiago de Chile.
Busto del Gral. Bernardo O´Higgins |
Desde
Chile se aprecia a Buenos Aires como una ciudad
bella, grande, cosmopolita. Y con una abundante
dotación de estatuas.
En cada parque, plaza o rincón de la ciudad,
hay una estatua o a lo menos un busto (esa curiosa
evocación parcializada), que recuerda algún
personaje, que generalmente la “memoria colectiva”
no es capaz de retener. No se sabe, es claro y menos
en Argentina, donde todo el mundo tiene una opinión
formada hasta en los detalles más nimios,
cuán justificado sea en todos los casos el
memorial cívico respectivo. Pero lo importante
es que el porteño en particular y el argentino
en general, mantiene una buena disposición
para recordar a quienes hicieron algún aporte
al dudoso concepto de nación.
Pero ni siquiera Buenos Aires se libra de la pétrea
injusticia que preconizan las estatuas, respecto
de otros ciudadanos que no sean políticos
o militares. Los educadores y los artistas, conforman
una casta minoritaria, seguramente porque dichas
profesiones se encuentran alejadas de los centros
de poder donde se deciden –administrativa
y económicamente– las obras imperecederas
que educarán a las generaciones actuales
y futuras.
( Sin embargo, siempre me ha parecido poco aprehensible
dicha explicación en el caso de los jueces,
que pertenecen supuestamente a un Poder del Estado
–cercanos a los centros decisionales–
y no obstante son regularmente omitidos en los monumentos
públicos y Buenos Aires no es la excepción.
Es claro que siempre puede decirse, que no existen
jueces que merezcan el reconocimiento postrero;
pero ello sería extensible a gran parte de
los políticos y militares inmortalizados
en el mármol o granito, de modo que la razón
pareciera ser otra).
Como se trata de remembrar lo que merece ser rescatado
del olvido y de rendir homenaje permanente a quienes
la sociedad (otro concepto abstruso) debe gratitud,
me parece que habría que incluir dentro de
las próximas candidaturas a estatuas, a más
artistas, pintores, escultores, músicos,
escritores, danzarines, fotógrafos, cineastas,
videístas, etc.., que son quienes verdaderamente
construyen la “memoria colectiva” de
un país (tercer concepto equívoco),
aunque los problemas “técnicos”
no sean menores:
1- Si nadie financió sus obras (bueno, me
refiero a la mayoría) en vida, ¿de
dónde saldría el financiamiento postrero?
2- ¿De dónde se obtendrían
las legiones para desfilar en sus aniversarios?
Sabido es que un artista jamás (bien, la
mayoría de las veces) reconoce el mérito
ajeno.
3- Faltarían parques y plazas: hoy por hoy,
todo el mundo se cree artista. |