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NBuenos Aires desde Santiago, Chile
por Carlos Aránguiz Zúñiga »n
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Los poetas de Buenos Aires
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Los poetas de Buenos Aires no son muy distintos a los poetas de otras latitudes, pero hay algunas características que los hacen especiales.

De partida, disponen de una ciudad que a través de sus millares de cafés, les permite reunirse a compartir esos interminables monólogos en que se pondera la obra propia y se denigra la ajena.

Esos mismos cafés se convierten desde el miércoles y hasta el sábado en lugares de declamación e intercambio, bautizados como “Cafés literarios”, la mayoría de ellos conocidos a través del nombre del anfitrión habitual. Algunos piensan que estas reuniones no aportan demasiado a la poesía en sí misma y, al contrario se convierten en sus enemigos al permitir la existencia de grupúsculos encerrados dentro de las paredes de sus particulares concepciones, que no se oxigenan en el conocimiento global, ni contribuyen al desarrollo del género a través de la confrontación abierta de las ideas. Puede ser, pero en uno de ellos tuve el honor de conocer a Olga Orozco, seguramente la poeta argentina contemporánea más importante, quien no sólo no rehuyó oírme decir algunos poemas como invitado, sino que después hasta tuvo el gesto de hacerle a mis pobres versos un generoso comentario. Como persona, puedo admitir que ese no haya sido un momento crucial para la historia de la poesía; pero para mí, como poeta, un instante de gloria que me ayudó a escribir con más dedicación y entusiasmo.

La heterogeneidad de los grupos literarios o movimientos poéticos que se reúnen en estos cafés literarios, puede ser abusiva y no en todos los casos muy aportante al desarrollo de las letras trasandinas. Pero constituyen una fotografía estentórea de la realidad poética argentina o al menos de su Capital Federal, siempre bullente y siempre dispuesta a asumir nuevos derroteros.

Es cierto que muchos de estos grupos producen sus propias revistas o publicaciones, no siempre muy atildadas y muchas veces poco perseverantes.

Personalmente, no me cabe duda que en Argentina las publicaciones literarias son excesivas, no puede ser que cada barrio, pueblo o ciudad, cada grupo, subgrupo o tendencia, pretenda impulsar iniciativas de este tipo, sin otro control de calidad que la perseverancia de un comité editor a veces tan pequeño que lo conforma solamente su dueño, quien por falta de preparación o a veces por conveniencias materiales, termina publicando todo lo que le llega o, lo que es peor, lo que le envían sus amistades. Justos pagan por pecadores y, hoy por hoy, y a pesar de la subsistencia de revistas de mucha prosapia fundadas alguna vez por algún prohombre de las letras, prácticamente no existen publicaciones periódicas de trascendencia, que marquen pauta en el exterior, como alguna vez sucedió en tiempo de Borges y sus contemporáneos.

Sin embargo y a pesar del panorama ya descrito, la situación de la poesía argentina es muy superior a la mayoría de los países sudamericanos, porque al menos mantiene una efervescencia activa que constituye el caldo de cultivo de su sobrevivencia.

En Chile, donde pueden existir en este momento poetas muy valiosos que han podido regenerar al menos parcialmente su histórica tradición literaria en este género y donde la dispersión y grupusculación no impiden el reconocimiento de un canon más o menos aceptable por la mayoría, sin embargo cada vez son menores los espacios para darlos a conocer, aunque sea dispersa y voluntariosamente, como sucede en Buenos Aires; y los cafés no proliferan en las esquinas de Santiago para intercambiar los monólogos de rigor, aunque se esté avanzando en tal sentido, ya que por estos días ya existen algunos atractivos cafés donde se puede acometer en un ambiente propio la tarea de debatir el arte (v. gr. al lado del Museo de Bellas Artes, al costado del Teatro Municipal y en el Parque Balmaceda en Providencia) y se han instalado librerías-cafés de buen nivel y estilo.

Ojalá que estos y otros muchos lugares, sirvan, sobre todo, para reunir el disperso rebaño de la poesía, antes que el lobo del materialismo (con la piel de la globalización o de tantas otras de que dispone) se los trague de un bocado.
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INDICE "BUENOS AIRES DESDE SANTIAGO, CHILE" »
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