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sobre su obra |
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Hace
mucho o siempre... pero hoy
La vida, ese misterio, tiene
un tiempo finito e inexorable y que cuando sentimos
que hace muchos años ya que somos jóvenes
y comenzamos a percibir de pronto el crepúsculo
en el horizonte, es posible una pregunta ¿habré
cumplimentado la jornada o quedó algo pendiente
?
A veces llega la respuesta y a veces ni se nos ocurre
la pregunta.
Obviamente, reconsideremos que además somos
juguetes de las circunstancias, como decía
Ortega. Pero hoy, aquí y ahora una mujer, fascinada
por ese atardecer magenta, que tiende a esconderse
hasta lentamente desaparecer, nos demuestra que es
posible otro nuevo espacio inédito en el tiempo
que estaba calladamente esperando allí en el
fondo y seguramente desde el comienzo.
Estimada Beatriz Pugliesi la felicito de todo corazón
por haber descifrado a tiempo ese tantas veces insospechado
llamado del alma.
Ahora, sepamos apreciar y estimar su testimonio desde
el milagro.
Aldo Severi
Quilmes, 1º de noviembre de 1995. |
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Cuando
Beatriz Pugliesi se acercó a mi taller, Ilevaba
años de labor en la Pintura, con acertadas
imágenes de fuerte expresionismo, figuras de
la comedia humana que emergían del fondo de
la tela, con sordas tonalidades que contrastaban con
saturadas gamas de colores opuestos en los primeros
planos. Los contrastes de luz y sombra, las pinceladas
abiertas, la materia abundante, la forma deliberadamente
informal, revelaban un temperamento artístico
detonante, abierto y no condicionado a reglas en la
expresión y la elaboración del cuadro.
Puede observarse en su actual pintura que el color,
sin perder su fuerza primaria, tiende a ser más
armonioso y subjetivo, como si en lugar de ser aplicado
con febril pincel, fuera engarzado sobre los fondos
neutros, grisáceos. De este modo, su obra pictórica
sigue reflejando su mundo interior, y por lo tanto,
plenamente personal.
Oscar Capristo
Buenos Aires, agosto de 2003 |
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Como
si fuera posible enmarcar el alma, la obra de Beatriz
Pugliesi transita zonas de profunda interioridad donde
el grito se resuelve en pincelada de fuego y la lágrima
se deshace en la húmeda mirada de algún
pétalo, clima de contornos borrosos, de esperas
silenciosas, de erotismo contenido, de rostros que
se niegan a mostrar, de paisajes que reflejan el ojo
que los ama, no son nada más que indicios tentativos
para aproximarse a ese punto de inflexión entre
la creación y el espíritu
en constante desafío. ¿Metáfora
del alma? ¿Desesperada búsqueda de una
realidad estética que redima al hombre de una
existencia opaca imposibilitada para el vuelo?
Buscar respuestas en el trazo vigoroso de Beatriz
sería inútil. El artista no copia la
vida sino que nos acerca el espectáculo de
su sombra.
Bibiana Colubret
Bernal, 29 de noviembre de 1997 |
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A un
buen pintor se le pide que en todas sus creaciones
utilice una línea segura y expresiva, un color
que excite nuestros sentidos, despierte nuestra fantasía
y llegue a enternecernos; una composición que
haga que el resultado total nos conmueva y le hable
con profundidad tanto al sentimiento como a la razón,
iniciando un entrañable e intenso diálogo
sin palabras con nosotros.
En las obras de Beatriz Pugliesi encontramos todo
eso, pero creo de verdad que en ellas podemos descubrir
algo más aún.
Es que Beatriz, que ha cincelado su técnica
con tanto amor como destreza innata y obstinada perseverancia,
y que nos gratifica con cuadros surgidos de lo más
hondo de su rica vida interior, podría decir
como Picasso, "Yo no obedezco a moda alguna;
impongo siempre mi modo". Ella vuelca sus vivencias
en sus telas con una intuición estética
singularísima y un talento de infrecuente probidad,
lo cual constituye el plus que la convierte en algo
más que una buena pintora. En rigor de verdad,
Beatriz Pugliesi es hoy nada menos que una verdadera
artista, como puede constatarse claramente en esta
exposición.
Juan Carlos Lombán
Quilmes, agosto de 1998 |
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Palabras
a modo de presentación con motivo de la exposición
que realizará en la Universidad de Ciencias
Sociales y Empresariales (UCES).
Buenas noches a todos.
Es para mí un honor, que mi compañera
Beatriz Pugliesi, me haya convocado para abrir ésta
muestra de pintura que lleva el título “Pasión,
Sombras y Fantasmas”.
Beatriz, se encuentra entre aquellos artistas privilegiados
que han formarse con grandes maestros: Aldo Severi
y Oscar Capristo.
Simultáneamente, con ésta exposición
que hoy inauguramos, obras de Beatriz se encuentran
exhibidas en el Paseo Alcorta y en la Honorable Cámara
de Diputados de la Nación.
En el mes de Diciembre, participará en la Bienal
de Arte de Florencia, Italia.
Dado que no soy crítica de arte, comentaré
algunas breves impresiones acerca de ésta etapa
de la obra de Beatriz, desde mi óptica de artista
plástica.
En conjunto, ésta muestra nos instala frente
a una figuración que hunde sus raíces
en el Expresionismo.
Sus imágenes, cargadas de una fuerte potencia
sensorial, no nos dejarán indiferentes.
La gestualidad de sus personajes, los fuertes contrastes
y la intensidad de su paleta, denotan una apasionada
búsqueda: los encuentros y desencuentros de
las pasiones humanas.
Se trata de una indagación psicológica
realizada de manera intuitiva, particular y sobre
todo, auténtica así como de una necesidad
imperiosa de volcarla sobre el lienzo.
Beatriz utiliza la luz y la sombra para sugerir climas
sutilmente inquietantes, pues a pesar de la vivacidad
colorística, en la penumbra, habitan los fantasmas.
Espectros visibles e invisibles, qué, como
si fueran “dobles”, afloran desde lo desconocido.
De este modo logra plasmar en la tela, una particular
síntesis entre los aspectos trágicos
y cómicos de la existencia humana. Toda inauguración
constituye una fiesta. Es el momento en el cual el
artista da a luz la obra gestada en la soledad, para
compartirla con los otros, con nosotros.
Te felicito, Beatriz y te deseo muchos éxitos.
Muchas gracias.
Lic. Luisa Osdoba
Buenos Aires, 1º de septiembre de 2003. |
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