La
relación entre muro y escritura viene de
antiguo. Aunque la tradición señale
a los egipcios los primeros, se considera a los
persas padres de la publicidad mural; ellos preferían
la letra grande y desdeñaban el papel,
e inscribían leyendas en el frente de los
grandes edificios y hasta en las montañas,
para que estuvieran a la vista de todos.
El rey Darío mandó esculpir sobre
la ladera de una gran montaña la siguiente
inscripción: "Yo soy Darío,
el Gran Rey, el Rey de los persas, el Rey de las
provincias, el hijo de Hystaspes".
Los romanos se apropiaron de la sabiduría
persa en sus anónimos paschinos, antecedente
directo tanto de los actuales graffitis o grafitos
y lampoons, como así también de
las pintadas y afiches de propaganda.
Se decía que los hebreos, en cambio, leen
la letra pequeña, por eso se especializaron
en el Libro. El hecho de leer lo escrito en la
pared era estrictamente para babilonios. En la
Biblia aparece mencionado el ya famoso testimonio
de escritura mural; se trata de la frase "Mené,
mené...", de obvio interpretada como
profecía desde la óptica del escriba.
Judíos y musulmanes, ambos son reconocidos
como "pueblos del Libro".
J. L. Borges desarrolló en un relato la
relación entre la construcción de
la Gran Muralla y la destrucción de los
libros. Para ocultar un único hecho, la
conducta reprobable de su madre, el Emperador
concretó ambas desmesuradas empresas. Un
lejano eco de aquel procedimiento resuena en el
Romance de la caída de la Alhama, cuando
Abdala, conocido como Boabdil el Chico, último
rey moro de Granada, mata al mensajero y quema
la carta que trae la noticia de la toma de la
ciudad por los cristianos. Aquí viene a
cuenta la opinión de R. W. Emerson: "Todo
libro que ha sido echado a la hoguera ilumina
el mundo"
"Los italianos, como las mujeres -dice Anthonny
Burguess-, buscaban el verdadero sentido detras
de las palabras dichas o escritas. No escribían
cartas porque decían que las cartas son
algo sin rostro."
Titulamos El Muro a nuestro sitio por la obra
de Sartre, por el poema de Conrado Nalé
Roxlo referido al "doble", asociado
al tema de lo siniestro; y también, especialmente,
en homenaje a Alejandra Pizarnik, quien se negaba
a llamar pared a la rígida construcción
vertical de material donde colgaba sus poemas,
para contemplarlos a modo de cuadros: lo llamaba
el muro. Decidimos hacer pública la escritura
creativa a través de nuestro Muro virtual,
el construido de palabras. Decía R. Barthes:
"Tengo una enfermedad: veo el lenguaje",
porque "la palabra es un virus", tal
como pensaba Williams Bourroughs, para vindicar
su poder transformador y su fuerza liberadora.
Invitamos a todos los creadores a inscribir sus
palabras en El Muro. |