Luisa Osdoba www.elmurocultural.com/luisaosdoba
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Luisa Beatríz Osdoba | Comentarios de su Obra Página 1 de 2 | Siguiente »

" He desplegado frente a mí las fotos que me enviaste, tal como si las fuera a exponer. Es interesante la transición que existe en la obra de Luisa Osdoba entre la figuración humana y geométrica y la abstracción. Azules y ocres son predominantes, los colores "caribeños" se introducen como polizontes en Cosmos, obra que "rompe", en su trazo con las demás piezas aunque mantiene es movimiento circular presente, básicamente, en toda la producción (por lo menos la que he podido observar). Esta artista es una exploradora de lo íntimo, lo intangible, onírico y, a veces, lúdico, ese jugueteo surgido, quizá de lo erótico. Pienso que el trazo mantiene un ritmo cíclico, esférico: alusión a la vida misma, a ese correr y recorrer del ser humano y su entorno; evolución y revolución, experiencia vital ineludible (si anhelamos vivir y trascender). Esa es la visión -limitada por la cantidad y la infidelidad fotográfica- que poseo de la impactante obra de esta colega argentina: visión caribeña de colores américo-sureños. Recibe un abrazo sincero."

Wilmer Colón
Director de Oficina de Arte, Cultura y Turismo de Peñuelas, Puerto Rico

" Las fotografías de los oleos de Luisa llegaron tarde, pero llegaron, y llegaron intactas. Realmente valió la pena esperar porque estas obras son realmente bellísimas. Bellas tanto en los temas, los llamativos colores y su combinación como en los acertados títulos que les puso. ¿Que puede ser mas poético e ingenioso que "El sueno del caracol"? Estas fotografías son verdaderos tesoros. Les agradezco este envío y me siento muy orgulloso de ser amigo de ustedes. Mi esposa quedó tan deslumbrada como yo. (No menciono a mi hija porque no las ha visto todavía)."

Jorge Catan Zablah
Carmel, California, 8 de mayo de 2000.

" No imaginas el honor que siento al recibir en mi pueblo una artista de tu talla. Recibe mi abrazo fraternal."

Wilmer Colón
Director de Oficina de Arte, Cultura y Turismo de Peñuelas, Puerto Rico.
En la muestra en el Centro Cultural de Guayanilla, Puerto Rico.

"SEGUIMIENTO DE LA BÚSQUEDA DE EXPRESIÓN PERSONAL EN LA PINTURA DE LUISA OSDOBA"
Ante el aluvión de propuestas que se le presentan en la actualidad al que desea explorar vocacionalmente el camino de la Pintura, Luisa Osdoba ha elegido la modalidad más ardua pero, al mismo tiempo, más sólida: el análisis a fondo de los factores concurrentes a la expresión del arte.
Un dibujo ceñido al objeto, analítico, sin distorciones; una paleta donde caben las armonizaciones (o disonancias) del color y un estudio de los valores: la luz, el contraste, el claroscuro, sin separarlos del color. Ha experimentado los distintos tratamientos de la factura pictórica: forma abierta y cerrada, pincelada visible y peinada, pincel duro y blando, espátula, etc., sin que ese rigor atenúe la síntesis expresiva que se manifiesta en cada obra. Observando la libre factura de El molinillo azul (óleo, 40 ´ 50 cm., 1996), El recipiente azul de Vincent. (óleo, 50 ´ 70 cm. 1998), Cosmos (óleo, 50 ´ 70 cm., 1998), puede notarse en ellas que la expresión plástica obtenida, siendo muy distintas a Árbol de mar (óleo, 40 ´ 50 cm., 1997), El sueño del caracol (óleo, 60 ´ 80 cm., 1997), La pintora (óleo, 50 ´ 70 cm., 1996), obedecen a una misma manera de establecer comunicación con el espectador. Ha cuidado el estilo de cada autor en los trabajos sobre escultores sobre modelos tan valiosos como Sibellino (óleo, 55 ´ 60 cm., 1998), Knop y el muñeco (óleo, 60 ´ 80 cm., 1998) y La espera (óleo, 90 x 60 cm, 1999), sin descuidar su expresión personal. En Estantes (óleo, 80 ´ 50 cm., 1996) realizó un díptico, cada parte con una paleta complementaria de la otra, lo que produce impacto visual. En Eros globalizado (óleo, 50 ´ 70 cm., 1998) y Vínculo interior (óleo, 60 ´ 80 cm., 1999), ha resuelto la incorporación de la imagen humana con espacios propios, obteniendo sugestivo clima.
Creo que la obra de Luisa Osdoba, enfocada desde la actitud artística, trasciende también a lo psicológico, donde su labor como psicóloga clínica incide en su pintura actual y no cabe duda en su obra futura. Con esto contribuirá a fortalecer la actitud humanística del artista contemporáneo en la indagación espiritual del ser humano, no obstante los cantos de sirena de la globalización en boga. Estoy complacido de haber contribuído a su formación como pintora.

Oscar Capristo
Revista Francachela, Año 4, Nº 15 Y 16 Osorno, Chile, Cuarto trimestre de 1999.

LUISA OSDOBA: PRESENCIA AFIRMACIÓN
Una mujer dibuja y colorea el sentido de la vida. En ese instante, ella sostiene en su pincel el secreto del universo. Intuye en las formas el claro-oscuro de las tonalidades de los afectos. Como una prolongación de su ojo, traspasa las capas de superficie el gran acontecimiento Y es allí, en la pura manifestación, donde sonido y silencio configuran y dan a luz al universo.
Un ojo movedizo de pupila pilosa acaricia los intersticios del vacío. El demiurgo, en este caso, o tal vez siempre, es mujer. Ella amamanta la blanca tela y de la nada crea vida. Formas; sin duda son formas, pero aún más: formas de vida. Horada la apariencia de superficie, el adentro y el afuera, lo cercano y la lejanía, escorzo y trampantojo, consistencia sensual que me seduce. Ella con su ojo movedizo de pupila pilosa acaricia y besa, sí, besa, porque este ojo también se afirma como labio, y como piel suavizada por el tono desacralizador de lo afirmativo.
Ella percute la tela colorida con golpecitos sincopados al ritmo de su ojo movedizo. Mientras hace, deshace. Crea destruyendo, para conformar en la danza de sus posturas corporales y en los curvados gestos con pliegues en las venas.
Una mujer inventa un único y propio microcosmos, que en ese momento es todo. El pincel actúa de palanca, la misma con la cual algunos dicen que soñó mover el mundo el insomne Arquímedes, aquel mismo que murió para salvar sus figuras dibujadas en el viento. En la unidad del cuadro-mundo habita la metafísica, la ilusión de totalidad, de algo único, la criatura contemplando al creador. Algunos piensan que de ese recorte de cielo nació la unidad. Nunca imagen y semejanza. Nunca más espejo. Porque cuando el pincel se retire a descansar para sumergirse en el sueño -¿Qué sueñan los pinceles del artista?- serán otros ojos movedizos de pilosas pupilas las que intentarán descifrar en la superficie de la apariencia el símbolo secreto e inhallable del Creador que, ante la obra acabada, se retira a construir un nuevo y único mundo.


José E. Kameniecki
Noviembre de 1999
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