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Como
un arcano de luz y sombra, como una marea que
espeja nuestro más profundo yo nos induce
a transitar el sendero infinito de la imagen,
sobre un campo sin tiempo, blanco, sensible y
voraz.
El portal del Universo abre sus puertas imperceptibles,
donde desde la cantera, la piedra guarda signos
legibles y secretos de la vibración milenaria
del Planeta.
Pero desde la gran respiración universal
se siguen creando-recreando las formas de la naturaleza,
mutando por supervivencia, mimetizándose
con los otros, cambiando su sentido en acción.
Desde esa gran respiración hay algo inmutable
como un resplandeciente sol fijo; pirámide,
dolmen, estela funeraria, bisonte pintado en la
cueva, barco vikingo, Caravaggio, Mondrián.
Armonía latente o estallido del relámpago
emocional, enfatizado por medio de un saber desconocido,
ángel que esplende en el amanecer de los
tiempos, como un cuerpo inmortal e ilusorio templado
en clima frío y agreste de la nada.
Conocer lo interno para interpretar la manifestación
externa, explorar esa energía que moviliza
las formas en su acabado de unidad real, como
si cortar una naranja (célula perfecta)
de gajos, pulpa y semillas, fuera la iniciación,
la pequeña muestra de lo creado: |
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En
el gozoso viaje solitario, es fértil el
periplo del asombro, esfera condensada, oráculo,
símbolo de la otra orilla verde; la que
inventa a partir del mismo cero un punto rojo
sobre plano azul, como una punción sobre
la superficie de la tela. Como un cuerpo abstracto
y móvil, pleno y sutil, llama ordenadora
en el vigía corazón del artista. |
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